<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571</id><updated>2011-04-22T04:29:14.872+02:00</updated><title type='text'>Siniestro Total</title><subtitle type='html'>Siniestro Total es el primer blog que escribo con fecha de caducidad impuesta por su propia razón de ser, no por mi poca constancia. Se trata de una novela escrita hace más de 11 años y que, sin haber revisado el texto desde entonces, por alguna oscura razón y el empuje de algunos más locos que yo, he decicido lanzar al espacio exterior. Que la disfruten.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>42</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-1884322253166781942</id><published>2009-05-03T17:30:00.001+02:00</published><updated>2009-05-03T17:32:26.150+02:00</updated><title type='text'>XVIII.</title><content type='html'>El 14 de marzo de 2013 amaneció con un sol centelleante, despuntando en lo alto, acariciando con sus rayos los rascacielos. Nacho se despertó muy temprano. Se levantó despacio de la cama donde dormía plácidamente Beatriz para no interrumpir su sueño. Se vistió con el impecable traje que hubiera comprado en Barakaldo y abandonó el Plaza Hotel.&lt;br /&gt;   Tomó uno de los taxis amarillos, aparcados en la puerta al acecho de clientes y se dirigió en dirección al Soho. El taxi no tardó en perderse entre las interminables filas de vehículos  que se amontonaban en la Franklin Roosevelt Drive. Cuando por fin llegó al destino deseado, resolvió pasear en dirección al Puente de Brooklyn. Boutiques, tiendas, galerías y museos inundaban las calles de “los Cien Acres del Infierno”, como era llamada tiempo atrás la zona. Toneladas de hierro fundido se alzaban, conformando altos bloques que se extendían desde las calles Canal y Howard hasta las calles West Houston y East Houston. Hierro fundido como del que, en ocasiones, había pensado estaba hecho su corazón... si realmente tenía corazón. Debía de poseerlo, de lo contrario no se sentiría como lo hacía en ese momento.&lt;br /&gt;   Beatriz, en la cama del hotel, soñaba. Soñaba que paseaba por la playa, cogida de la mano de Nacho, y ambos se reían y se susurraban cosas al oído para inmediatamente después reírse. Sus pies descalzos eran mojados por la espuma de las olas que lamían la orilla intermitentemente. Y de pronto, él le decía algo. Ella mostraba un gesto de enfado fingido y le perseguía por toda la playa sin poder darle alcance.&lt;br /&gt;   Nacho se encontraba henchido de felicidad. El pasado día había supuesto la culminación de su vida. Había realizado toda un pirueta de rebeldía y no sólo se sentía orgulloso, sino completamente realizado. Podía asegurar que era absolutamente feliz. No cabía en su mente que pudiera ser más feliz. Eso era imposible.&lt;br /&gt;   Beatriz por fin había atrapado a Nacho y le reprendía cariñosamente para acabar besándole. Se abrazaban y caían sobre sus rodillas, dejándose rodar por la arena húmeda de la playa. Tumbados sobre ella, se besaban acaloradamente, con un ardor que ni siquiera la ola que empapó sus vestiduras pudo calmar. Se reían.&lt;br /&gt;   Nacho se hallaba en la acera de madera del Puente de Brooklyn. Caminaba despacio, inmerso en sus pensamientos. El puente. Aquella red de cables entrecruzados asistía sus pensamientos y, en cierto sentido, los atrapaba como si fuera una telaraña.&lt;br /&gt;   Era demasiado feliz como para poder superarlo. Ya no le valía de nada la rebeldía. Todo aquello era inútil. No tenía ningún motivo, ninguna meta por la que luchar. Nada le proporcionaría mayor felicidad que la obtenida ese 13 de marzo de 2013. Nada. Lo peor  de todo era  que sabía perfectamente que tampoco podía escudarse en mantener la felicidad obtenida. Esa felicidad era tan efímera que resultaba intocable ; se esfumaría por si sola sin que nada ni nadie pudiera hacer nada para remediarlo. Con la pequeña odisea de localizar después de veinte años a la única mujer a la que había amado en su vida, arrancarla de su familia, traerla a Nueva York y enamorarla de nuevo ya había hecho suficiente. Era libre, totalmente libre, habiendo dejado atrás a todo y a todos.&lt;br /&gt;   Comenzó a subir por los cables retorcidos del puente.&lt;br /&gt;   ¿Qué más podría hacer para superar esa hazaña? Nada. Era la única respuesta posible. Y cualquier intento de hacerlo, por estar destinado al fracaso desde su inicio, no haría sino empeorar la situación. Ahora era completamente feliz y libre y eso no se lo iba a arrebatar nadie como había pasado en tantas ocasiones.&lt;br /&gt;   Beatriz estaba tumbada encima de Nacho y hacían el amor, empapados por las olas del mar que se crecían con la marea. Un cielo inflamado por el atardecer les iluminaba.&lt;br /&gt;   En la suite del Plaza Hotel, Beatriz se despertó sobresaltada con una horrible sensación de vacío al ver el colchón desocupado, abrazando en vano la ausencia de Iñaki. En ese preciso instante, a unos kilómetros de distancia, Nacho se lanzaba al vacío desde el Puente de Brooklyn. Unas aguas con cien mil destellos producidos por el sol aguardaban su caída. En su rostro se veía una amplia sonrisa que desembocó en un sonora carcajada. Era feliz. Era feliz y libre.&lt;br /&gt;   Antes de estrellarse violentamente contra la superficie vio en el puente a los coches. Allí estaban, de un lado para otro, devorando kilómetros de asfalto a toda velocidad. Enterrando la ciudad bajo sus ruedas con una indiferencia que sólo alteraban lo imprescindible... lo imprescindible para no colisionar con el resto de los coches. Madrid, Nueva York...En todos sitios era igual. Siempre igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Madrid, junio de 1997&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-1884322253166781942?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/1884322253166781942/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=1884322253166781942' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/1884322253166781942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/1884322253166781942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/05/xviii.html' title='XVIII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-4093864731787723135</id><published>2009-04-29T10:44:00.001+02:00</published><updated>2009-04-29T10:46:14.587+02:00</updated><title type='text'>XVII.</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;Eran más de las dos cuando la pareja estuvo de vuelta en el hotel. Después de la cena, se habían perdido en el torbellino de la actividad nocturna neoyorquina. Se habían tomado unas copas en el Limelight, un local en el que solo la entrada les había costado quince dólares. Pero aquella no era una noche para pensar en el dinero. Definitivamente, no era una noche para pensar. Uno debía dejarse llevar por los dictados del corazón, prescindiendo de cualquier atisbo de lógica que la cabeza pretendiese imponer. Había que disfrutar de la noche hasta el último instante, hasta que la locura se agotara, dejando a la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mañana siguiente una deliciosa resaca que sería prolongación de la noche extinguida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Beatriz abrió la puerta de la suite mientras Nacho la tenía cogida en brazos. Traspasaron el umbral y con un hábil taconazo el hombre cerró la puerta tras de sí. Ella lanzó las llaves a &lt;st1:personname productid="la alfombra. Nacho" st="on"&gt;la alfombra. Nacho&lt;/st1:personname&gt; caminó a trompicones en dirección a la cama y depositó a su pareja suavemente en &lt;st1:personname productid="la cama. Se" st="on"&gt;la cama. Se&lt;/st1:personname&gt; tumbó a su lado y rozó sus labios con los de ella. Beatriz correspondió y con su lengua humedeció su boca. A un beso profundo le fue sucediendo otro aún más apasionado, y otro, y otro más. Las manos de Nacho se perdían en la melena morena de Beatriz, con movimientos cada vez más rápidos. Sus dedos fueron bajando poco a poco por la nuca hasta llegar a tocar la cremallera del traje de noche. La deslizó delicadamente hacia abajo, mientras no dejaba de besarla, explorando con su lengua dentro de ella. Sus besos descendieron por el cuello, los hombros, los pechos, y con ellos, el vestido. Entretanto, ella desabrochaba hábilmente los botones de su camisa, deshaciéndose de ella para reunirla junto a las llaves en &lt;st1:personname productid="la alfombra. Su" st="on"&gt;la  alfombra. Su&lt;/st1:personname&gt; respiración era cada vez más entrecortada, ahogada por continuos jadeos que fueron en aumento desde el momento que percibió sobre su pelvis la sublime erección de Nacho. Él seguía besando sus pechos, lamiendo una y otra vez sus pezones endurecidos. Los pantalones de Nacho no tardaron en unirse a &lt;st1:personname productid="la camisa. Los" st="on"&gt;la  camisa. Los&lt;/st1:personname&gt; dos cuerpos desnudos se frotaban uno contra el otro en una larga serie de movimientos más y más frenéticos. Los jadeos se incrementaron y tuvieron mayor intensidad. Beatriz daba pequeños mordiscos a Nacho en el cuello y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;subía y bajaba su cuerpo sintiendo la durísima erección. Nacho notaba la presión de sus pechos voluminosos y sus manos le pellizcaron las nalgas, empujándola contra sí. Rodaron sobre sus cuerpos, siempre unidos, situándose el hombre encima de la mujer, que tenía los brazos en cruz. Sus manos aferraron fuertemente las de Nacho. Entonces, &lt;st1:personname productid="la penetr￳. Un" st="on"&gt;la  penetró. Un&lt;/st1:personname&gt; gemido rasgó el silencio de la habitación y le sucedieron innumerables jadeos, respiraciones entrecortadas y suspiros de placer y gozo. Los movimientos de ambos cuerpos, perfectamente coordinados, se volvieron más violentos, más bruscos, a medida que el placer les envolvía. Adelante, atrás, adelante, atrás... Un ritmo acelerado que producía perlas de sudor por la espalda de Nacho. Adelante, atrás... Una cadencia desenfrenada que halló su cima cuando los dos enamorados alcanzaron el orgasmo a un mismo tiempo, emitiendo un nuevo gemido de deliciosa satisfacción. Los vaivenes perdieron velocidad y se hicieron más pausados. Los dos amantes quedaron tendidos en la cama, envueltos entre las sábanas, disfrutando del momento en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;- Te quiero -dijo Beatriz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;- Yo también -correspondió él-. ¿Podríamos decir que ha sido el mejor cumpleaños de tu vida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;- Podríamos decir que ha sido el mejor día de mi vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Y acabaron, con el beso más sincero de cuantos jamás se habían dado, aquella velada que no terminaba nunca, permaneciendo tumbados en la cama, abrazándose como si fuera la primera o la última vez que lo hicieran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-4093864731787723135?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/4093864731787723135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=4093864731787723135' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4093864731787723135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4093864731787723135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xvii.html' title='XVII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8877820717998989045</id><published>2009-04-27T16:32:00.002+02:00</published><updated>2009-04-27T16:37:42.056+02:00</updated><title type='text'>XVI.</title><content type='html'>“¿Por qué no se oye la música? ¿Es que ha dejado de tocar ese maldito piano?”, se preguntaba Beatriz, sin hallar respuesta alguna. Deslizaba el tenedor en el plato, pasando de un lado a otro el último trozo de pescado que quedaba. Levantó la cabeza, miró a Nacho y se lanzó al vacío sin paracaídas.&lt;br /&gt;   - No. A veces dudo de que le haya amado alguna vez. Sé que siento algo por él, pero no sé qué es.&lt;br /&gt;   - Y entonces, ¿por qué te casaste con él?&lt;br /&gt;   - Por comodidad, supongo -agregó-. Cuando lo hice creía que le amaba y pensé que sería una buena oportunidad para alcanzar por fin la estabilidad, formar una familia y todo eso. Y la verdad es que me ha hecho muy feliz; es un buen marido y un buen padre.&lt;br /&gt;   - Pero no le quieres -interrumpió.&lt;br /&gt;   - Iñaki, no creo que ninguna mujer que te haya amado vuelva a sentir con otro hombre lo que le has hecho sentir tú -contestó-. Ni sé cómo lo haces ni me importa, porque probablemente si lo supiera perdería su encanto, pero es así y punto. Yo te amé con toda mi alma, créeme. No te rías -dijo al ver cómo él esbozaba una socarrona sonrisa-. ¿Es por lo de Kike? Sí, es por eso. Aquello no fue más que un desliz, una noche loca que habíamos celebrado algo por todo lo alto y el ron había corrido a raudales. Lo uno llevó a lo otro y ya ves.&lt;br /&gt;   - ¿Y no pensaste en mí?&lt;br /&gt;   - No, en ese momento no.&lt;br /&gt;   - Pero nunca has amado a nadie como a mí, ¿no es eso? -inquirió.&lt;br /&gt;   - No seas injusto, Iñaki.&lt;br /&gt;   Smoke gets in your eyes zanjó a tiempo la discusión. El pianista había acertado de pleno con la elección del tema, al que sucumbieron sumisamente los dos enamorados. Recordaron la noche de la fiesta en la Facultad de Derecho, el primer y arriesgado beso que se habían dado. Aquella noche había sido el comienzo de todo. Seguramente suponía el origen del viaje a Nueva York. Tan solo quedaba saber si el viaje a Nueva York significaría el comienzo o el fin de algún otro suceso trascendental. Otra vez sería el tiempo el encargado de decidirlo, con su inevitable y a veces odioso paso.&lt;br /&gt;   Nacho se levantó de su silla. Necesitaba ir al servicio y prometió volver en seguida.&lt;br /&gt;   - No te vayas a ir, pedazo de rencorosa -bromeó.&lt;br /&gt;   Beatriz se había quedado con la mente en blanco, la mirada perdida. No era capaz de expresar exactamente lo que sentía. Jamás lo había experimentado antes, pero le agradaba, y le agradaba mucho. De pronto, una canción la extrajo de su ausencia. Era su canción, la canción con la que veinte años atrás Nacho se había despedido en La Pérgola. El efecto que tuviera la primera ocasión, se vio multiplicado varias veces, alcanzando cotas indecibles. Sintió cómo su corazón aceleraba el ritmo estrepitosamente, las palmas de las manos le sudaban y una extraña sensación de vacío le invadía el estómago. Notó un agradable acaloramiento y se sorprendió llorando. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas, dejando a su paso un rastro húmedo y cálido. Apoyó las manos en la mesa y, empujando la silla hacia atrás, se levantó. Fue en busca de Nacho y Nacho fue en busca de ella, uniendo sus caminos, fundiéndolos en un apasionado beso entre las mesas de los numerosos comensales que, como buenos neoyorquinos, no se vieron asombrados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8877820717998989045?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8877820717998989045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8877820717998989045' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8877820717998989045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8877820717998989045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xvi.html' title='XVI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-5630940039061917782</id><published>2009-04-20T08:13:00.000+02:00</published><updated>2009-04-20T08:14:51.577+02:00</updated><title type='text'>XV.</title><content type='html'>Cuando salió del cuarto de baño, envuelta en un albornoz blanco con las letras del hotel bordadas en azul, vio un elegante traje de noche extendido sobre la cama. El negro del tejido resaltaba con la claridad del juego de cama y le pedía a gritos que se lo probara. Lo cogió y habiendo secado las últimas gotas que aún resbalaban por su piel, se vistió. Era precioso. Mirándose en el espejo se sentía como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Se sentía atractiva como una veinteañera enfundada en un ceñido traje que se ajusta a su esbelta figura para provocar las hormonas adolescentes de los chicos en perpetuo celo. El último zapato de tacón alto vestía su pie izquierdo cuando Nacho entró en la habitación y Beatriz lo expresó todo con la mirada. No fue necesaria ni una palabra, ni una sonrisa. Nada. Un mirada bastó para que Nacho quedara satisfecho y viera a la única mujer que había amado en su vida alcanzando una felicidad suprema. Incluso él mismo, podría haber asegurado que era el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra.&lt;br /&gt;   - Es precioso -dijo ella.&lt;br /&gt;   - Por eso te debe de hacer tan preciosa, ¿no? -aduló Nacho-. ¿Estás lista?&lt;br /&gt;   - Claro. ¿A dónde vamos a ir?&lt;br /&gt;   - ¿De veras crees que te lo voy a decir? Anda, tira millas -dijo, haciendo ademán de apresurarse.&lt;br /&gt;   Cuando salieron del hotel, ya había anochecido por completo y la oscuridad rasgada por destellos de luz se cernía por toda la ciudad. Subieron en una limousina negra y se dirigieron al uno de la calle 67, donde se levantaba el Cafes des Artites, un lujoso restaurante francés en el que la etiqueta marcaba el derecho de admisión. Mientras esperaban la inminente llegada de la cena a su mesa, traída en bandeja de plata por un estirado camarero francés, degustaban un delicado y fino vino blanco.&lt;br /&gt;   - ¿Que tal? -preguntó Nacho.&lt;br /&gt;   - ¿Tú que crees? Nunca había sido tan feliz.&lt;br /&gt;   - Sólo trataba de asegurarme.&lt;br /&gt;   El vago y lejano sonido de un piano llegó a sus oídos. Se interpretaba una suave balada, más propia de un crooner que de un francés. En cuestión de segundos, los recuerdos explotaron como una granada en las mentes de la pareja, siendo él quien diera salida de algún modo a la metralla producida.&lt;br /&gt;   - En cierto modo, ¿no te recuerda a aquella noche en La Pérgola?&lt;br /&gt;   - En cierto modo -repitió Beatriz-, solo que como esta noche me abandones como hiciste entonces te mato.&lt;br /&gt;   - Estaría loco para dejar escapar a un mujer como tú otra vez.&lt;br /&gt;   En ese momento llegó el camarero y posó sobre la mesa los platos que en un patético francés había pedido Nacho. La comida estaba deliciosa y la música que se oía era el Falling in love with love, de Sinatra.&lt;br /&gt;   - En el avión no me respondiste a una pregunta -interrumpió la cena Nacho.&lt;br /&gt;   - ¿Qué pregunta?&lt;br /&gt;   - ¿Le amas realmente?&lt;br /&gt;   Beatriz guardó silencio y creyó que todo el mundo hacía lo mismo, expectante a su respuesta. Sentía que era la hora de desengañarse, la hora de decirle todo lo que llevaba dentro. La hora de la verdad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-5630940039061917782?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/5630940039061917782/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=5630940039061917782' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5630940039061917782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5630940039061917782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xv.html' title='XV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-7408901287652850545</id><published>2009-04-19T06:32:00.000+02:00</published><updated>2009-04-19T06:33:33.656+02:00</updated><title type='text'>XIV.</title><content type='html'>Un botones de uniforme escarlata les dio paso a una de las suites con nombre exótico. Cerrar la puerta significó el definitivo asentamiento en el paraíso que para Beatriz era todo aquello. Se abalanzó sobre Nacho y le cubrió de besos, volviendo a amarle como casi veinte años atrás había hecho.&lt;br /&gt;   - Te quiero, Iñaki. Te quiero muchísimo.&lt;br /&gt;   - Yo también, Bea, yo también -repitió en un tono menos entusiasta, que ni siquiera percibió la mujer, completamente ebria de ilusión y alegría-. ¿Qué tal si nos vamos a cenar?&lt;br /&gt;   - De acuerdo -aprobó la sugerencia-, vámonos.&lt;br /&gt;   - Tranquila, Bea. Estás loca, ¿eh?&lt;br /&gt;   - Sí, loca por ti -afirmó mientras cubría con otra alud de besos el rostro de Nacho.&lt;br /&gt;   Atrás había quedado Bilbao, su marido, su familia. No recordaba a lo que había dado la espalda, al menos durante un breve espacio de tiempo. El justo para poder seguir el rastro de la estela de Nacho. Ni podía recordarlo, ni quería, en medio de aquel grado de excitación, que iba incrementándose a medida que los segundos transcurrían. Cada movimiento del segundero suponía una nueva sorpresa de efectos inmediatos en el comportamiento de la mujer.&lt;br /&gt;   - ¿Por qué no te das un ducha mientras yo arreglo unas cosillas?&lt;br /&gt;   Beatriz aceptó desde el cuarto de baño. Sus movimientos eran fugaces y vertía en torno suyo una energía inagotable cuya fuente no era otra que el entusiasmo.&lt;br /&gt;   Mientras se duchaba, Beatriz no podía extraer de su mente a Nacho. Le resultaba increíble todo cuanto había vivido a su lado, desde los lejanos años de la Facultad, cuando él conseguía dibujar siempre una sonrisa en su cara, desvaneciendo la sombra de la tristeza, al preciso instante que vivía. Veinte años no eran nada para Nacho. No había cambiado en absoluto, toda su vida había hecho lo que le había venido en gana, obviando cualquier norma, cualquier límite. Traspasar fronteras invisibles era lo que parecía impulsarle a vivir de aquel modo y al hacerlo, contagiaba a los que le rodeaban de ese ánimo provocador, revulsivo. Bajo aquella fachada de rebeldía posiblemente se ocultaba un miedo atroz a la vida. Un pánico que se veía ligeramente atenuado cuando daba muestras claras de desprecio por las reglas que todo el mundo ha de seguir y, de hecho sigue, inconscientemente, sin plantearse el cómo o el porqué. Como un niño asustado en la oscuridad, que ve en la luz su refugio, su protección y, en cierto modo, su única salvación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-7408901287652850545?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/7408901287652850545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=7408901287652850545' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7408901287652850545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7408901287652850545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xiv.html' title='XIV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-3820467546140040417</id><published>2009-04-11T08:31:00.000+02:00</published><updated>2009-04-11T08:32:19.762+02:00</updated><title type='text'>XIII.</title><content type='html'>La suave sacudida indicó que el avión se había posado en suelo estadounidense. El vuelo se había desarrollado entre espesas cortinas de nubes que parecían sostener al aparato, impidiendo que se precipitara y se estrellara contra el océano. Ni siquiera habían podido disfrutar de la imagen de postal de la Estatua de la Libertad porque ésta se hallaba envuelta por una  densa bruma de polución y nubes de la que parecía no tener la intención de desprenderse. Una vez realizados todos los trámites burocráticos, incluyendo la desconcertante pregunta de si portaban fruta fresca o plantas,  salieron de la terminal.&lt;br /&gt;   - Por fin he llegado, Nueva York -suspiró Beatriz, abriendo los brazos en cruz como si se diese la bienvenida-. Muchísimas gracias, Iñaki.&lt;br /&gt;   - Vamos, una cita es una cita y ésta la fijamos hace mucho tiempo -aseguró y le dio un sonoro beso en los labios.&lt;br /&gt;   Mientras Beatriz procesaba cada rincón del aeropuerto, por insignificante que fuera, Nacho decidía el medio de transporte para llegar hasta el hotel. Por unos siete dólares podían ir en el Carey-bus, pero un taxi era lo que se presentaba más adecuado a los ojos del hombre. Así pues, dispuso dirigirse hacia la parada de taxis, donde se encontraba una larga hilera de vehículos amarillos, con un gran medallón tatuado en sus capós.&lt;br /&gt;   - Plaza Hotel -indicó Nacho al subir en el coche.&lt;br /&gt;   - No me lo digas, el Plaza está en la Quinta Avenida -insinuó la mujer, que no dejaba de mostrar por un instante una amplia sonrisa de satisfacción.&lt;br /&gt;   - En el cincuenta y nueve.&lt;br /&gt;   Otra mirada adornada de un intenso fulgor. Otra sonrisa mostrando el albor de unos dientes perfectos. Otro beso sincero. Y todo enmarcado en un anochecer neoyorquino que atrapaba sin tregua a Beatriz, que deseaba poder retener en su memoria cada minúsculo detalle de aquella estancia en la ciudad de su vida. A toda velocidad atravesaron toboganes de puentes, se deslizaron por carreteras que se retorcían, subían y bajaban en frenético frenesí de espectacularidad, bajo la dominante mirada de los rascacielos. Entre aquel abrumador paisaje de cemento, de vidrio y de acero apareció el verdor de Central Park, todo un islote en una isla. Beatriz permanecía callada, con una expresión en su rostro de profunda admiración, impresionada por aquella visión que era como siempre había soñado, seductora, maravillosa. Sus ojos se abrieron, si cabía aún más, cuando se cruzaron con la catedral católica de San Patricio que, con su llamativo mármol blanco y su estilo neogótico, se veía escoltado por aquellos rascacielos interminables que producían un curioso contraste. Llegaron al cincuenta y nueve y Nacho pagó los treinta dólares de la carrera. Cuando se apearon del vehículo vieron ante si un alto edificio blanco de tejado cobrizo, salpicado por filas paralelas de ventanas verdes. Las limousines aparcadas en doble fila a la puerta del hotel daban la bienvenida al eventual huésped o trataban de seducir al circunstancial transeúnte. Beatriz giró sobre sus talones y contempló el Central Park, que con su aparente calma verdosa hacía respirar a la Quinta Avenida en medio del smog -niebla y humo- de la apoteosis urbana.&lt;br /&gt;   - ¡Es tan fantástico! -exclamó la mujer en una explosión de alegría contenida mucho tiempo.&lt;br /&gt;   - Vamos, Bea, pasemos dentro.&lt;br /&gt;   Y, cogiendo por la cintura a la mujer de sensual contoneo, atravesaron el umbral de la puerta, tragados por la opulencia y la celebridad del Plaza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-3820467546140040417?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/3820467546140040417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=3820467546140040417' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3820467546140040417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3820467546140040417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xiii.html' title='XIII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-1576588474981405704</id><published>2009-04-07T18:05:00.000+02:00</published><updated>2009-04-07T18:07:45.612+02:00</updated><title type='text'>XII.</title><content type='html'>Ya había transcurrido la mayor parte del viaje y poco tiempo restaba para aterrizar en el aeropuerto internacional Kennedy. La conversación había oscilado de un extremo a otro, versando en ocasiones del pasado de Beatriz -la mayoría de las veces- y otras, de los oscuros años de ausencia de Nacho, que se mostraban como un enigma para la mujer.&lt;br /&gt;   - ¿Dónde quedó tu independencia, tu trabajo, tu autosuficiencia? -preguntó él, hiriendo involuntariamente a su acompañante.&lt;br /&gt;   - Qué sé yo. Debí perderlas por el camino. Encontré un buen hombre, formé una familia y aquí me ves.&lt;br /&gt;   - ¿Cómo es?&lt;br /&gt;   - ¿El qué? -se extrañó Beatriz.&lt;br /&gt;   - El despertarte todas las mañanas con la misma persona en tu cama, con el mismo rostro risueño, con los ojos cerrados y un profundo ronquido de oso cavernario.&lt;br /&gt;   - Hey, no es para tanto -siguió la broma-. Es distinto. Supongo que cuando amas realmente a esa persona es fantástico. Abrir los ojos y ver que ha pasado otro día y está aún a tu lado. Que te apoyará cuando te haga falta, que te consolará, que te amará como tú le amas.&lt;br /&gt;   - Y tú, ¿le amas realmente?&lt;br /&gt;   Beatriz no supo qué contestar. Estaba terriblemente contrariada y dio gracias al Cielo por la providencial aparición de la azafata, que indicaba a los pasajeros que se abrocharan los cinturones. El avión se disponía a aterrizar, en Nueva York.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-1576588474981405704?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/1576588474981405704/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=1576588474981405704' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/1576588474981405704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/1576588474981405704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/04/xii.html' title='XII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-54674956152325481</id><published>2009-03-31T07:52:00.000+02:00</published><updated>2009-03-31T07:53:57.730+02:00</updated><title type='text'>XI.</title><content type='html'>El ruido de los reactores del avión indicaba que el despegue era inminente. La velocidad fue en aumento y cuando Beatriz notó que las ruedas perdían el contacto con la pista, sintió que ella lo hacía con su presente porque al fin había recuperado el pasado y quién sabe si no había hecho lo mismo con el futuro. Pasadas unas horas aterrizaría en Nueva York. Una vez más, sería Nacho quien consiguiera que ella pudiera ver cumplidos sus sueños. Muchas veces se había preguntado qué habría pasado si aquel día no se hubiera largado, si hubieran permanecido juntos. La respuesta siempre era la misma: era imposible. Nacho no lo habría soportado. Ella, tampoco. Nada habría sido igual. Era una persona con la que unos meses, unos días o, incluso, unas horas, valían por toda una vida al lado de otra. Pero sólo eso, un breve espacio de tiempo que no se prolongase excesivamente. De hecho, una vida junto a Nacho se convertiría en un infierno ; su ritmo, su filosofía del día a día, de la muerte, en definitiva, de todo, producía una desazón en los demás, que eran incapaces de seguir su estela. Mientras se vislumbrara esa estela, podía disfrutarse de su compañía, pero cuando dejaba de verse a lo lejos, su sola presencia provocaba un sufrimiento indecible, abriendo unas lacerantes  heridas que jamás cicatrizarían, ni siquiera con el tiempo. Al contrario, el paso de los años no serviría sino para avivar el dolor de las heridas, que parecería sordo si Nacho mostraba su estela de nuevo y uno se engachaba a ella, a pesar de saber, sin duda alguna, que el dolor después de ese segundo contacto sería aún más agudo, más angustioso y, sobre todo, eterno.&lt;br /&gt;   - ¿Por qué te fuiste? -preguntó Beatriz.&lt;br /&gt;   - Sabía que me lo preguntarías.&lt;br /&gt;   - ¿Qué esperabas? -recriminó-. Me estuve repitiendo esa pregunta cada día que me levantaba durante muchos años.&lt;br /&gt;   - No lo sé -contestó-, sencillamente, no lo sé.&lt;br /&gt;   - Vamos, Iñaki -continuó Beatriz-, no me digas que fue un fogonazo.&lt;br /&gt;   - Desde luego, si lo fue, tuvo la intensidad de doscientos -bromeó, inclinando la cabeza a la izquierda y arqueando las cejas levemente-. Estaba un poco harto, ¿sabes? Tienes que saberlo mejor que nadie. En mi casa las cosas nunca marcharon bien. Los únicos momentos buenos no eran buenos en esa casa, simplemente eran más llevaderos. Y fuera las cosas no eran mucho mejor.&lt;br /&gt;   Beatriz le miraba atenta, despertándose en ella un sentimiento de lástima y misericordia que, inconscientemente, pretendía desechar.&lt;br /&gt;   - Y apareciste tú. Tú eras la alternativa, la salida. Y créeme, la mejor salida que tuve nunca. Pero también apareció Enrique y con él, los problemas. Sé que te liaste con él.&lt;br /&gt;   La expresión del rostro de Beatriz se transformó en una faz de asombro, culpa, y vergüenza fundidas en una velada mirada.&lt;br /&gt;   - ¿Cómo lo supiste?&lt;br /&gt;   - Lo supe y punto. Me lo imaginaba. ¿Te acuerdas que te dije que te dejaría de querer de golpe?&lt;br /&gt;   - Sí -replicó.&lt;br /&gt;   - Pues mentí. Te amaba demasiado para poder hacerlo. Lo que pasaba es que ya no podía amarte tan cerca. Necesitaba poner por medio kilómetros y años. Sólo así no dejaría de quererte. Así que cogí y me largué.&lt;br /&gt;   Beatriz estaba tan confusa por el descubrimiento de su relación con Kike que pretendió cambiar el rumbo de la conversación.&lt;br /&gt;   - ¿Y no has hablado con nadie desde entonces?&lt;br /&gt;   - No. Cuando te vas de un sitio, has de irte bien, si no, no te vayas. ¿De qué habría servido ponerme en contacto?&lt;br /&gt;   - ¿Ni siquiera con Ángel o Luna?&lt;br /&gt;   - Hablar habría sido más doloroso para ellos. Eran mis amigos.&lt;br /&gt;   - ¿Y dices que eran tus amigos? ¿Y ni una carta, ni una llamada para saber qué es de ellos?&lt;br /&gt;   - Ángel se casó hace dos años con Paloma. Luna vive en Barcelona y es una solterona que vive de puta madre con su trabajo de publicista.&lt;br /&gt;  La sorpresa volvió a inundar a la mujer, que hablase de lo que hablase no conseguía escapar del misterio y delirio que irradiaba el hombre que tenía a su lado. Sólo alguien como él habría sido capaz de saber qué era de sus amigos después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;   - El que no esté en contacto con mis amigos, no quiere decir que les haya abandonado -se impuso él, con un tono de voz un tanto ronco, dominante-. No lo olvides nunca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-54674956152325481?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/54674956152325481/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=54674956152325481' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/54674956152325481'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/54674956152325481'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/xi.html' title='XI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-5248185536941162679</id><published>2009-03-20T19:46:00.000+01:00</published><updated>2009-03-20T19:48:16.291+01:00</updated><title type='text'>X.</title><content type='html'>Nacho se levantó y fue a su encuentro. En mitad de la plaza se cortaron sus respectivas trayectorias o, más bien, se unieron. Caminaron hasta poder encontrar un taxi libre.&lt;br /&gt;   - ¿A dónde vamos? -preguntó Beatriz.&lt;br /&gt;   - A Bilbao. Tenemos que pasarnos por el Consulado antes de ir al aeropuerto.&lt;br /&gt;   El camino hacía Bilbao supuso la primera toma de contacto; durante todo el trayecto el silencio no se rompió salvo cuando el conductor, aburrido por lo rutinario del trabajo intentaba en vano entablar una de sus conversaciones banales. La pareja ni siquiera se miraba a la cara. Los pensamientos de uno y otro les impedían todavía hablar, compartir sus experiencias, abrirse. Los recuerdos, las esperanzas y las antiguas promesas parecían no querer dejarles en paz, esa paz que a veces es necesaria para poder charlar con calma. El cambio de planes que Beatriz había sufrido la había desconcertado. Nacho, por contra, no había sufrido ningún cambio brusco. Jugaba con ventaja y lo sabía. Era él quien tenía la baraja en sus manos. Tenía las cartas marcadas y, curiosamente, no pensaba hacer uso de ellas. La suerte ya estaba echada y no iba a jugar sus naipes, que vinieran como quisieran... el resultado, seguramente, sería idéntico.&lt;br /&gt;   Cuando llegaron a Bilbao se dirigieron a la Avenida del Ejército y en el Consulado, Aitor les facilitó el certificado internacional de vacunación contra la viruela y el cólera que era necesario para poder entrar en Estados Unidos. Cuando llegaran a su destino ya recibirían el correspondiente visado.&lt;br /&gt;   - Gracias, Aitor. Te debo una -dijo Nacho.&lt;br /&gt;   - No, te sigo yo debiendo a ti. Por los viejos tiempos, ¿no?&lt;br /&gt;   - Claro, por los viejos tiempos.&lt;br /&gt;   - Oye, ¿sigues teniendo aquella caravana que se caía a cachos? -preguntó, tras el mostrador, con una sonrisa pícara cargada de ironía.&lt;br /&gt;   - No, la vendí por una miseria. Ya no me servía.&lt;br /&gt;   Tras una cariñosa despedida, los dos amigos se perdieron de vista. Desde allí, Nacho y Beatriz fueron directamente al aeropuerto. Para ello tomaron otro taxi que les llevó al punto de partida que veinte años atrás se había esbozado y que ahora estaba perfectamente definido. Esta vez, el trayecto gozó de una conversación, que no cesaría ya más, porque ambos necesitaban hablarse el uno al otro tanto como respirar, incluso más. La distancia y el tiempo, la soledad y la familia no habían logrado distanciarles y en aquel momento, sentados juntos en un taxi camino de Sondika, se sentían más unidos que nunca. La sensación de fugitiva que escapa de su familia, se había esfumado del interior de la mujer. Sencillamente, era un paréntesis que abría en su vida y que ignoraba por cuanto tiempo permanecería abierto. Quizás no lo cerrara nunca. Quizás mereciera la pena sacrificar veinte años de su vida por un día. Quizás.&lt;br /&gt;   - ¿Así que, al final tuviste una caravana? -preguntó Beatriz.&lt;br /&gt;   - Claro, hombre. ¿No te lo había dicho?&lt;br /&gt;   - Sí, pero ya se sabe que del...&lt;br /&gt;   - ...Del dicho al hecho hay mucho trecho, ¿no es eso? -interrumpió Nacho-. Pues ya ves, en cuanto tuve el dinero suficiente me la compré. Era una vieja, de segundamano, pero era preciosa. En ella he pasado casi todos estos años.&lt;br /&gt;   - ¿De un lado para otro?&lt;br /&gt;   - De un lado para otro. Unas veces me quedaba más en un sitio y otras menos, pero siempre en  la caravana.&lt;br /&gt;   - Al final lo conseguiste, ¿eh? ¿Siempre consigues lo que te propones?&lt;br /&gt;   - Ya veremos. Aún queda lo más importante -contestó.&lt;br /&gt;   - ¿Por qué vendiste la caravana?&lt;br /&gt;   - Ya lo has oído, no me servía. Necesitaba el dinero para el pasaporte.&lt;br /&gt;   - ¿Para el pasaporte? -preguntó  Beatriz, esperando salir de la confusión en que estaba sumida.&lt;br /&gt;   - El pasaporte para ir a Nueva York. ¿Con qué dinero crees que he pagado el traje, los viajes que hecho para encontrarte y los pasajes para el avión?&lt;br /&gt;   Beatriz se quedó callada. Le miraba fijamente, con los ojos vidriosos y sintiendo de nuevo en su corazón lo mismo que había sentido aquella noche en La Pérgola cuando Nacho cantó para ella. Acercó despacio su rostro, como no queriendo romper aquel halo de felicidad y deseo, y le besó. Para Nacho y, en el fondo, para ella misma, fue el primer beso sincero en casi veinte años. El primero y, probablemente, el más esperado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-5248185536941162679?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/5248185536941162679/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=5248185536941162679' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5248185536941162679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5248185536941162679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/x.html' title='X.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-2581178092962121823</id><published>2009-03-15T10:12:00.000+01:00</published><updated>2009-03-15T10:13:27.889+01:00</updated><title type='text'>IX.</title><content type='html'>Beatriz caminaba con un paso acelerado. Llegaba tarde. Nacho le había dado una hora y ese plazo ya había expirado. ¿Seguiría aún en la plaza? Tenía que seguir. Mientras caminaba, los pensamientos en forma de frases sueltas se agolpaban en su cabeza de un modo anárquico, pero eficaz, terriblemente eficaz. Estaba convencida de que aquello era una locura, pero algo en lo más profundo de sus ser la movía a hacerlo. Tenía la sensación de que si no lo llevaba a cabo sería otro hecho que se acumularía al conjunto de decepciones que había en su vida. Tenía un marido y dos hijos a los que quería. ¿Y qué? No tenía nada más y, si algún día lo había tenido, se había perdido por el camino. Nacho, en cambio, conservaba esa demencia de su juventud, esa espontaneidad. Parecía no querer asentarse en ningún sitio, no querer apoyarse, como acaba haciendo todo el mundo en alguien. Era un idealista endemoniadamente realista. ¿Cómo se puede ser así? Nacho poseía la singular cualidad de poder hacer cosas que parecen imposibles -son ideales- pero que con enorme facilidad las hacía... y ni siquiera les prestaba atención porque a sus ojos era algo normal y corriente. Aceleró aún más el paso.&lt;br /&gt;   Casi veinte años. Beatriz se preguntaba qué podía haber hecho en tanto tiempo. Ella se había casado con un buen hombre. Le amaba, si bien es verdad que jamás había sentido por él lo que un día sintió con Nacho. Era posible que ese fuera el motivo por el que estaba entrando en Herriko Plaza y avistaba a lo lejos a Nacho, en el banco. El motivo por el que se marcharía a Nueva York y esperaba acabar en un hotel de la Quinta Avenida retorciéndose de placer entre las sábanas con Nacho... con su Iñaki.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-2581178092962121823?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/2581178092962121823/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=2581178092962121823' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2581178092962121823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2581178092962121823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/ix.html' title='IX.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-3861831889508503014</id><published>2009-03-10T09:43:00.000+01:00</published><updated>2009-03-10T09:45:35.699+01:00</updated><title type='text'>VIII.</title><content type='html'>Nacho seguía en Herriko Plaza. No la había abandonado ni un instante. Únicamente se había levantado del banco para realizar un par de llamadas telefónicas y luego se había sentado de nuevo. El plazo había vencido y Beatriz no daba señales de vida. “Vendrá”, se decía; de hecho, estaba convencido de que aparecería. Habían pasado muchos años, quizá demasiados, pero tenía la absoluta certeza de que acudiría a la cita. Una cita que se habían hecho casi veinte años atrás y que él, por lo menos, no había olvidado.&lt;br /&gt;   Ahora, seguramente, tendría que explicarle por qué actuó en el pasado como lo hizo. No tenía ganas, sencillamente no quería recordar aquello. Pensaba que el pasado hay que tenerlo siempre muy presente, pero alejado. Era un pequeño matiz que convenía considerar si de veras se quería llegar a algún sitio. Él lo tenía muy presente y en ocasiones excesivamente cerca. Siempre había sido así y cuando había tratado de cambiar se había demostrado una vez más que todo intento era inútil, una pérdida de tiempo. Sí es verdad que por un sólo instante el cambio parecía mejorar sustancialmente las condiciones en que se encontraba uno, pero sólo era un espejismo que calmaba los anhelos del explorador para luego desengañarle dolorosamente.&lt;br /&gt;   Beatriz sabía a la perfección cómo era él. A pesar de ello, le preguntaría los motivos y, lo que era peor, qué había estado haciendo durante todo el tiempo. Nadie había tenido noticias suyas, ni siquiera Luna o Ángel, sus dos mejores amigos. Y por muy trágico que le resultara, no le contaría más que una parte de la verdad, como siempre hacía. La verdad entera resultaba demasiado dolorosa y vergonzante. No era aquello lo que deseaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-3861831889508503014?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/3861831889508503014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=3861831889508503014' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3861831889508503014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3861831889508503014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/viii.html' title='VIII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-3182552264805406093</id><published>2009-03-06T07:51:00.000+01:00</published><updated>2009-03-06T08:03:12.763+01:00</updated><title type='text'>VII.</title><content type='html'>Nacho se encontraba en Herriko Plaza, esperando impaciente a Beatriz. Vestía un impecable traje azul marino que sustituía a sus antiguos y desgastados vaqueros. Se preguntaba si reconocería a Beatriz después de tantos años. Estaba tan seguro de que aparecería por la plaza que no cabía en su mente el cuestionarse si aquello había valido la pena o no. Sin embargo, ya era la hora y Beatriz no aparecía por ningún lado. “En casi veinte años no ha cambiado... llegará tarde hasta a su entierro”, pensó Nacho, esbozando una socarrona sonrisa. A lo lejos, la figura de una atractiva mujer le hizo perder la impaciencia, que se esfumó de golpe ante aquella visión. Era Beatriz. A pesar de los años y de los dos embarazos, mantenía una esbelta figura, que mostraba contorneando sus caderas con el ligero balanceo que practicaba siempre al caminar. Sus largas piernas parecían no acabar nunca, hasta desembocar en aquella estrecha cintura sobre la que se levantaba un torso provocador, inocentemente lascivo. Cuatrocientos recuerdos golpearon todos a la vez la mente de Nacho, mientras Beatriz había conseguido ponerse a su altura.&lt;br /&gt;   - Hola, Iñaki -saludó tímidamente la mujer.&lt;br /&gt;   - Hola -correspondió-, estás estupenda.&lt;br /&gt;   - Sí, claro. Tú tampoco estás mal... supongo -hizo una pausa, miró unos segundos al suelo y levantó después la cabeza-. ¿Qué quieres?&lt;br /&gt;   Nacho se levantó del banco en el que se había sentado cuando llegara a la plaza y besó en la mejilla a la mujer. Ésta permaneció impasible ; la expresión de su cara parecía más bien la de un maniquí, fría, distante, fija.&lt;br /&gt;   - Felicidades.&lt;br /&gt;   - Gracias. ¿Has venido de donde quiera que lo hayas hecho sólo para decirme felicidades?&lt;br /&gt;   - Y para llevarte a Nueva York -replicó Nacho, sin saber muy bien si mostrar una ligera sonrisa o mantener el duelo con la cara de maniquí.&lt;br /&gt;   - ¿Qué ? ¿Estás loco ? -gritó Beatriz, cambiando bruscamente su expresión, que ahora se desencajaba y anunciaba cualquier tipo de reacción que estuviera en contienda con la impasividad-. Debes estarlo. Después de lo que me hiciste, ¿y quieres que ahora lo olvide todo y me vaya contigo a Nueva York?&lt;br /&gt;   - Sí.&lt;br /&gt;   - ¿Sí? ¿Y qué le digo a mi marido? ¿Y a mis hijos?&lt;br /&gt;   - No les digas nada. Márchate y punto -respondió el hombre con tranquilidad.&lt;br /&gt;   - No, Iñaki, no. No todos somos como tú. Estoy casada y eso no lo puedes cambiar ni tú ni tus locuras, ¿entiendes?&lt;br /&gt;   - ¿Has ido ya a Nueva York?&lt;br /&gt;   Por lo inesperado de la pregunta, Beatriz sintió como si se le clavase un hierro al rojo vivo en el corazón. Casi podía sentir el olor a carne quemada. Tenía ante sí al hombre que más feliz le había hecho y, sin embargo, el que más le había hecho sufrir. Los porcentajes entre felicidad y sufrimiento, si es que es posible medirlo en porcentajes, debían de ser muy semejantes. No obstante, el grado de felicidad, aún midiendo lo mismo, gozaba de tal intensidad que parecía doblar varias veces al dolor. Siempre había sido así, cuando tenían veintitantos o treinta años, aunque en éstos últimos fuera por medio de los recuerdos.&lt;br /&gt;   - No, no he ido nunca a Nueva York -respondió, cambiando sorprendentemente el tono de voz, idéntico al de un niño cuando es reprendido por alguna travesura-. Pero, ¿no te das cuenta de que estoy casada ? Todo es distinto... ya no tenemos veinte años...&lt;br /&gt;   - ¿No eras tú quien decía que no tiene nada de malo ser infiel? ¿Que por hacerlo no vas a dejar de querer menos a tu pareja? Debieron ser palabras vacías, ¿no? De esas que tanto decías para hacerte pasar por lo que no eras.&lt;br /&gt;   La mano de Beatriz describió en el aire un arco amplio que acabó su trayectoria en pleno rostro de Nacho.&lt;br /&gt;   - Eres un gilipollas... siempre lo has sido y siempre lo serás -insultó con los ojos vidriosos-. Nunca olvides que yo te quise como seguramente nadie te ha querido jamás... porque tú no te dejas querer.&lt;br /&gt;   Beatriz se dio media vuelta y antes de que pudiera dar el primer paso, sintió como la mano del hombre asía su brazo con fuerza, tirando de él y haciéndola girar de nuevo sobre sus talones. Cuando lo hizo, encontró la cara de Nacho, con un guiño de los suyos.&lt;br /&gt;   - Te espero aquí dentro de un hora -anunció.&lt;br /&gt;   - No vendré -advirtió la mujer, tirando de su brazo para librarse de la presa.&lt;br /&gt;   La esbelta figura se perdía por donde había aparecido, con su contoneo mucho más pronunciado.&lt;br /&gt;   - ¡Una hora! -gritó Nacho.&lt;br /&gt;   Y Beatriz hubiera querido no oírlo, pero lo hizo. Hubiera querido no haber recibido aquella llamada ni estar en ese momento llorando. Hubiera querido, en el fondo, no desear con toda su alma perderse por las calles de Nueva York con aquel hombre. Tantos sueños se habían escapado a lo largo de su vida que sentía que, por una vez, debía darle la espalda a todo y hacer una locura. Con Nacho, además, la locura precisamente estaría siempre asegurada, para bien o para mal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-3182552264805406093?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/3182552264805406093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=3182552264805406093' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3182552264805406093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3182552264805406093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/vii.html' title='VII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-203906961580276030</id><published>2009-03-04T07:27:00.000+01:00</published><updated>2009-03-04T07:28:14.693+01:00</updated><title type='text'>VI.</title><content type='html'>Barakaldo era otro cúmulo de recuerdos, buenos y malos, que se agolpaban en la memoria del hombre. Desde su colegio, el Arteagabeitia, hasta el Paseo de los Fueros, donde tantas juergas se había corrido, le despertaban sensaciones de difícil descripción. Sólo las puede describir quien las sintió alguna vez, en caso contrario, cualquier intento de hacerlo será estúpido puesto que jamás alcanzará la profundidad debida.&lt;br /&gt;   Tras llegar a la ciudad y pagar una copiosa cantidad de dinero al taxista, el hombre se encaminó hacia la calle Larrea, donde se debía levantar la casa de los padres de Beatriz. De nuevo, se encontraba al pie de una cabina de teléfonos, marcando un número que nunca antes había marcado. Aquella operación comenzaba a convertirse en pura rutina y, desde luego, cuando todo aquello acabara no era precisamente un hábito que echaría en falta. Y siempre la misma pregunta :&lt;br /&gt;   - Buenos días, ¿está Beatriz, por favor?&lt;br /&gt;   - Sí, un momento.&lt;br /&gt;   - ¿Dígame? -se escuchó tras unos segundos. Era una voz dulce, suave e increíblemente conocida por el hombre.&lt;br /&gt;   - Felicidades, Beatriz -dijo la enigmática llamada.&lt;br /&gt;   - Vaya, muchas gracias. Pero, ¿quién eres?&lt;br /&gt;   - ¿Cómo ? ¿No me reconoces?&lt;br /&gt;   - A ver, habla un poco más -pidió la mujer.&lt;br /&gt;   - ¿Qué tal han caído esos cuarenta?&lt;br /&gt;- Pues no, no caigo. ¿Quién eres?&lt;br /&gt;   - ¿Estás lista para ir a Nueva York?&lt;br /&gt;   Una terrible alud de silencio se precipitó sobre los dos interlocutores. Así continuó durante unos segundos que al hombre le parecieron minutos.&lt;br /&gt;   - No puede ser, no puede ser -decía Beatriz, sobrecogida, cambiando su tono dulce y agradable por uno crispado, furioso y, al mismo tiempo, temeroso- ¿Iñaki? ¿Eres Iñaki?&lt;br /&gt;   - El mismo que viste y calza -contestó el hombre con el mismo tono de voz que tuviera en un principio.&lt;br /&gt;   - No puede ser, Dios mío, no puede ser. Pero, ¿cómo?&lt;br /&gt;   - ¡Hey! Una promesa es un promesa -aseguró Iñaki-. Te espero en Herriko Plaza, junto al Ayuntamiento, dentro de una hora.&lt;br /&gt;   Iñaki colgó antes de que Beatriz tuviera la oportunidad de añadir nada más. Hablar por más tiempo por teléfono no habría servido más que para contrariarla aún más y hubiera podido estropearse todo, truncándose los planes.&lt;br /&gt;   Aquella hora de la que disponía Iñaki le serviría para buscar una tienda donde poder comprar un traje elegante y caro. Era parte de la promesa y no es que a lo largo de su vida hubiera cumplido todas sus promesas, pero con aquella era distinto. Había de cumplirla, porque cuando una promesa se convierte en un sueño se debe perseguir con todas las consecuencias, para bien o para mal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-203906961580276030?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/203906961580276030/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=203906961580276030' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/203906961580276030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/203906961580276030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/vi.html' title='VI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-7200143660485808201</id><published>2009-03-02T20:24:00.000+01:00</published><updated>2009-03-02T20:26:07.318+01:00</updated><title type='text'>V.</title><content type='html'>El agudo pitido del despertador sobresaltó a la pareja que estaba tendida en la cama, dando la bienvenida a un radiante 13 de marzo de 2013. Eran las ocho de la mañana. El hombre suspiró e intentando desperezarse comenzó a incorporarse. Una mano le cogió por el hombro y tiró de él hacia atrás.&lt;br /&gt;   - ¿A dónde vas tan pronto? -preguntó la rubia veinteañera.&lt;br /&gt;   - Joder... la tía ésta -murmuró el hombre, levantándose y cogiendo sus pantalones.&lt;br /&gt;   - ¿Perdona? ¿Qué has dicho?&lt;br /&gt;   - Que voy a por tu desayuno, cariño -contestó con un guiño de ojo-. No te vayas a marchar.&lt;br /&gt;   - ¿A dónde iba a ir sin ti?&lt;br /&gt;   - Se me ocurren un par de sitios -replicó el hombre, que ya se aproximaba a la puerta. La abrió y quiso despedirse-. Adiós... seas quien seas.&lt;br /&gt;   La muchacha se quedó semisentada en la cama, recordando la noche anterior y construyendo en su mente planes de futuro inmediato, siempre junto al nuevo hombre que había entrado en su vida. Pero ella ignoraba que quien había penetrado en su vida, lo había hecho sin invitación y se acababa de marchar por la puerta de atrás dando un sonoro portazo. Claro que lo ignoraba. Pasada una hora comenzaría a intuir que el desayuno no llegaría nunca y si lo hacía, definitivamente no podría comérselo porque no se hallaba en disposición de comer nada... bastante había tragado ya con lo que aquel tipo le había hecho dejándola plantada.&lt;br /&gt;   El hombre ya había engullido un copioso desayuno para reponer las energías consumidas la noche anterior. Los años no perdonaban, de eso no cabía la menor duda. Si la pareja hubiera sido alguien de su misma edad, las cosas habrían resultado muy distintas. Sin embargo, el acostarse con una veinteañera implicaba irremediablemente que la fogosidad de la mujer se impondría sobre cualquier otra cualidad del hombre. “Y además era rubia...” pensó el hombre.&lt;br /&gt;   Caminaba por la calle Navarra y desembocó en la Plaza de España. Al otro lado de la plaza divisó una cabina de teléfono. Se dirigió hacia ella y extrayendo un pedazo de papel de su bolsillo trasero del pantalón leyó un número. Marcó los números...4...1...5...&lt;br /&gt;   - ¿Sí, dígame? -se oyó una voz infantil.&lt;br /&gt;   - Buenos días, ¿está Beatriz, por favor?&lt;br /&gt;   - No, no está. Eres Antonio, ¿no?&lt;br /&gt;   - ¿Antonio? -preguntó vacilante el hombre-. Sí, sí. Oye, ¿y dónde está?&lt;br /&gt;   - Está en Barakaldo, en casa de los abuelos. Pero tiene que venir hoy por la tarde-explicó la vocecilla del otro lado de la línea telefónica.&lt;br /&gt;   - Vaya -se lamentó-, es que como es su cumpleaños quería enviarle un ramo de flores  -hizo una pausa durante unos segundos, los suficientes-. ¿No sabrás la dirección de tus abuelos?&lt;br /&gt;   La confusión del muchacho había resultado mucho más provechosa de lo que nunca hubiera esperado. ¿Quién sería aquel Antonio? Debía de ser algún amigo de la familia; lo que era seguro es que se trataba de alguien muy querido y de confianza en la familia. Aquella voz infantil tenía que ser la del hijo de Beatriz. No debía de tener más de 12 años.&lt;br /&gt;   El hombre pensó que había de apresurarse si quería que todo saliese bien. Justo en ese mismo instante y rompiendo bruscamente el halo de pensamiento que le envolvía se cruzó un taxi.&lt;br /&gt;   - ¡Taxi! -gritó alzando la mano.&lt;br /&gt;   - A Barakaldo, por favor.   Y el taxi arrancó, perdiéndose rápidamente por las calles de Bilbao.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-7200143660485808201?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/7200143660485808201/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=7200143660485808201' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7200143660485808201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7200143660485808201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/03/v.html' title='V.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-9041257209625001794</id><published>2009-02-26T18:11:00.000+01:00</published><updated>2009-02-26T18:13:28.435+01:00</updated><title type='text'>IV.</title><content type='html'>Una hora transcurrió desde su entrada hasta el abandono del Consulado. Todo estaba listo. Aitor se había comprometido a realizar el trabajo que aquel hombre, al que hacía años que no veía, le había encargado. El sol anunciaba su inminente caída y la bienvenida de la luna y decidió buscar algún alojamiento. No creía tener demasiados problemas para encontrarlo; ahora disponía de dinero suficiente. No era como entonces, cuando el dinero a duras penas le alcanzaba para cubrir la comida y acababa en el camping de Arketa, en la playa de Laida, molestamente alejado del casco. De todos modos, optó por alojarse en el hostal Ibarra, un sitio acogedor, decorado de tal manera que se respiraba un ambiente antiguo, aumentando la sensación de comodidad, no en vano estaba en el mismo edificio que la Euskaltzaindia, la Biblioteca de la Academia de la Lengua Vasca.&lt;br /&gt;   Una vez resuelto el problema que suponía su estancia en la ciudad por la noche, resolvió que había llegado la hora de disfrutar y unirse a &lt;em&gt;“los peregrinos nocturnos”,&lt;/em&gt; como él los llamaba. El dinero, curiosamente, no le incitó a  derrochar haciendo ostentación en los ambientes selectos de la ciudad, sino que desfiló por los locales que ya conocía. Cuando iba sentado en el avión que le había traído hasta Sondika, estaba convencido de que acabaría en algún restaurante caro, tomando un buen bacalao al club ranero, con su fritada de cebolla, pimientos verdes, tomate y choriceros, acompañado de un Rioja Alavesa. Sin embargo, se encontraba en el Bikain, tomando una ensalada y una hamburguesa del tamaño de un balón de rugby. Aquella, definitivamente, era una buena vida. Sin obligaciones, con cosas sencillas alrededor, que son, al fin y al cabo, las que consiguen hacerle a uno feliz.&lt;br /&gt;   Cuando salió del Bikain, miró en torno suyo y, tras unos segundos de vacilación, decidió visitar La Granja, un pub muy próximo situado en la Plaza de España. Siempre le había gustado aquel local. Eran sus constantes transformaciones las que más llamaban la atención: por la mañana era un antiguo café bilbaíno, al mediodía se convertía en un restaurante y por la noche, era un pub que se veía desbordado por la ingente cantidad de &lt;em&gt;“peregrinos nocturnos”&lt;/em&gt; que acudían sedientos de alcohol y fiesta.&lt;br /&gt;   Tras unas cuantas copas y algún que otro saludo a viejos conocidos, cruzó el Nervión y acudió a Indautxu. Allí había una calle, la del Licenciado Pozas, que le proporcionaría grandes dosis de juventud. A pesar de su madurez, se conservaba lo suficientemente bien como para seguir atrayendo a las veinteañeras, que ardían en deseos de encontrar a un hombre maduro, con experiencia, que les pagara la juerga y ellas, a cambio, le devolverían la invitación con horas de sexo desmedido.&lt;br /&gt;   Eran las cuatro de la madrugada y los golpes de la cabecera de la cama contra la pared impedían que el inquilino de la habitación de al lado pudiera conciliar el sueño. Seguramente era debido más a la insana envidia de no ocupar uno de los puestos que por los propios ruidos. El enigmático hombre que hacía tan solo unas horas que había llegado de Madrid, cesó en sus rítmicos movimientos, suspiró y relajó todos sus músculos. La veinteañera rubia intentó abrazarle y cubrirle cariñosamente de besos, pero él ya se había dormido y soñaba, precisamente, con el sueño de toda su vida. Con el sueño que por fin vería cumplido al día siguiente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-9041257209625001794?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/9041257209625001794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=9041257209625001794' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/9041257209625001794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/9041257209625001794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/iv_26.html' title='IV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8876582239040513934</id><published>2009-02-24T15:09:00.000+01:00</published><updated>2009-02-24T15:10:51.506+01:00</updated><title type='text'>III.</title><content type='html'>Entre nubes, o sobre ellas, no lo supo muy bien, sintió el contacto de las ruedas con la pista del aeropuerto de Sondika. No portaba ningún tipo de equipaje y los trámites en el aeropuerto, por tanto, fueron mucho más rápidos de lo que esperaba. Buscó la parada del autobús 23; creía recordar que ése era el autobús que le llevaría al Arenal. Cuando encontró la parada pudo comprobar que, efectivamente, el destino del autobús era el que él pensaba. No tardaría demasiado tiempo en llegar el medio de transporte que, no sólo le llevaría al Arenal, sino también a su pasado, ese pasado que casi había logrado olvidar.&lt;br /&gt;Después de haberse apeado del autobús, se había marchado al Parque de Etxebarria. Le encantaba pasear por aquel parque, en el que tantas horas había estado años atrás, cuando no era más de lo que era ahora en realidad. Permaneció sentado en uno de los bancos durante algo más de dos horas. Pensaba. Debía localizar a Beatriz al día siguiente y en principio, no iba a resultar excesivamente complicado. En el pedazo de papel tenía sus señas y teléfono. Podía haber preparado lo que le diría, podía haberlo meditado para que cada palabra supusiera un certero golpe de efecto que sacudiera su corazón, pero no merecía la pena. Era mejor la improvisación; tenía la sensación de que pasara lo que pasara, ya estaba todo hecho, sólo había que esperar.&lt;br /&gt;Aquella llamada se produciría al día siguiente, pero ese mismo día una larga lista de cosas quedaban aún por hacer. Tan sólo esperaba que las amistades cosechadas tiempo atrás siguieran todavía por las calles de Bilbao, de lo contrario se le complicaría la empresa que había comenzado. Suspiró y apoyando sus manos en las rodillas, se incorporó y caminó en dirección al Consulado de Estados Unidos, en la Avenida del Ejército. Se cruzó con uno de los quioscos de la ONCE, pero no compró ningún bonobús, prefirió caminar por las calles que tantos recuerdos le traían: las interminables sesiones de poteo con los amigos, las catástrofes que producía el kalimotxo en su castigado estómago y, sobre todo, la Aste Nagusia. Aquellos sí que habían sido buenos tiempos. Detestaba la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero en aquel caso tan especial, era distinto. Durante la Aste Nagusia todo era distinto. Eran diez días inolvidables para el que los viviera por vez primera. Desde el chupinazo en Begoña con que se daba comienzo a la fiesta, hasta su conclusión, todo era diversión.&lt;br /&gt;No restaba mucho camino para llegar al Consulado y el hombre seguía inmerso en sus recuerdos. Lo más fantástico de la fiesta, pensaba, no era la diversión en sí, sino todo lo que giraba en torno a ella : la bajada desde Begoña al Arenal presidida por una representación. &lt;em&gt;“¿Cómo se llamaba aquella especie de representación, tan grande, de la fiesta? ¿Marijaia? No lo sé, creo que sí”&lt;/em&gt;, se preguntaba, mientras aceleraba el paso. &lt;em&gt;“Sí, era Marijaia. ¿Cuántas veces la habrán arrojado a la ría?”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El año que él estuvo disfrutando de la fiesta se había quedado grabado como a fuego en su memoria. Conoció a mucha gente, de toda clase e índole y ahora cobraría los favores prestados en el pasado. A Aitor, el individuo que trabajaba en el Consulado, lo había conocido en el Arenal, entre el ambiente y alboroto de las txoznas. Unas cuantas gaupasas les habían servido para conocerse lo suficiente. No era preciso saber nombres completos o datos precisos del pasado para conocer a una persona. Viéndole actuar bastaba o, al menos, así había sido con el hombre que acababa de llegar a la Avenida del Ejército número 11, al Consulado de Estados Unidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8876582239040513934?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8876582239040513934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8876582239040513934' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8876582239040513934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8876582239040513934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/iii_24.html' title='III.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-4074409660426660312</id><published>2009-02-18T16:06:00.000+01:00</published><updated>2009-02-18T16:08:11.352+01:00</updated><title type='text'>II.</title><content type='html'>Seis. Seis veces tuvo que marcar hasta alcanzar lo que buscaba. Mantuvo una conversación muy animada con la mujer que se hallaba al otro lado del auricular. Durante dos minutos, la expresión de la cara de aquel hombre cambió, suavizándose los rasgos, sugiriendo cierta expresión de satisfacción. Anotó un teléfono precedido de un prefijo, se despidió y colgó. Permaneció unos segundos con el auricular sujeto, apretándolo contra el aparato que lo sustentaba y mirando al vacío. De súbito, parpadeó y despertó del trance en que se encontraba. Miró a su alrededor y distinguió las guías de Bilbao. Tomó una de ellas y realizó la misma operación que la vez anterior. En esta ocasión, contaba con los apellidos y el teléfono; había de averiguar la dirección. El número de “Uriarte” era mucho mayor que en Madrid. Deslizó su dedo índice a lo largo de las interminables listas de números, cada vez más rápidamente, notando cómo la presión y velocidad con que lo hacía le quemaba la yema. Y la sensación de abrasarse alcanzó su cénit cuando el número que figuraba en el listín coincidía con el apuntado en el pedazo de papel que apretaba en su puño. Extrajo del bolsillo trasero de su pantalón una pluma  azul  Mont Blanc y escribió la dirección que acababa de encontrar. Guardó el pedazo de papel en su cartera y salió a la calle, fundiéndose en la incesante corriente de peatones, contagiándose de su ritmo vertiginoso y buscando desesperadamente un taxi libre con la mirada.&lt;br /&gt;   - Al aeropuerto de Barajas, por favor.&lt;br /&gt;   Y el taxi se perdió entre la otra corriente que siempre subyace en las ciudades: la de los vehículos, que al final, nunca le llevan a uno donde realmente desearía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-4074409660426660312?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/4074409660426660312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=4074409660426660312' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4074409660426660312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4074409660426660312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/ii.html' title='II.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-6822021142825632025</id><published>2009-02-17T09:52:00.000+01:00</published><updated>2009-02-17T09:54:42.021+01:00</updated><title type='text'>TERCERA PARTE: SINIESTRO TOTAL</title><content type='html'>La lluvia se había dejado caer sobre la ciudad, proporcionándole un aspecto lúgubre, misterioso. El sol comenzaba a ocultarse tras los enormes bloques de edificios y la luz se desvanecía poco a poco. En cuestión de segundos anochecería. En la ciudad no hay atardeceres; el sol inflama el horizonte con tanta celeridad que a duras penas sí se puede apreciar cómo sus últimos destellos escarlatas parecen incendiar las azoteas.&lt;br /&gt;   La Gran Vía era un auténtico hormiguero. Por sus aceras, abarrotadas de peatones podía respirarse ese angustioso aroma de estréss, de tedio mundano que empapa al ciudadano más simple. Chocaban unos contra otros sin ni siquiera reparar en ello, aceptando impasibles los empujones, apretones y miradas veladas de desprecio que se dirigían unos a otros. Entre aquel tumulto de gente, caminaba un hombre que, harto de la situación había resuelto andar por el borde de la carretera. Vestía de un modo sobrio, sin demasiada ostentación, haciendo gala de su comodidad para lo que sacrificaba cualquier vestigio de elegancia. Su movimiento de caderas al andar le dotaba de un balanceo que compartía a un mismo tiempo la impresión de indiferencia y presunción. Cuando estuvo a la altura del locutorio de la Telefónica se detuvo. Miró de abajo a arriba el edificio y se dirigió hacia la puerta. La corriente de peatones era más poderosa de lo que parecía y cuando logró alcanzar el pie del edificio se encontraba a unos diez metros de la puerta. “Si caminara por la acera...”, pensó.&lt;br /&gt;   Una vez que estuvo dentro, buscó con la mirada un teléfono que no estuviera ocupado. Al fondo creyó ver uno y avanzó rápidamente hacia él. Descolgó el auricular y marcó los siete dígitos a los que llevaba dando vueltas en su cabeza toda la tarde.&lt;br /&gt;   - ¿Diga? -se oyó al otro lado de la línea.&lt;br /&gt;   - Buenas tardes, ¿está Beatriz, por favor?&lt;br /&gt;   - ¿Cómo dice?&lt;br /&gt;   - Beatriz, Beatriz Uriarte -repitió el hombre.&lt;br /&gt;   - No, se ha equivocado.&lt;br /&gt;   Ni siquiera se disculpó. Suspiró y colgó. En el fondo lo suponía. Aquello no iba a ser sencillo ; si fuera así no sería bueno. Todo lo bueno en este mundo ha de implicar dificultad, de lo contrario es mediocre. Y lo bueno debe ser también malo. Parece que es en la ambigüedad entre lo bueno y lo malo en donde uno puede encontrar la felicidad. Ese es el motivo porque la felicidad es un arma de doble filo, aunque sea el de la maldad, sin duda alguna, el más cortante, el que produce efectos más desastrosos y difíciles de cicatrizar.&lt;br /&gt;   “Plan B”, se dijo el hombre, dejando asomar una suave sonrisa, que acabó perdiéndose en la comisura de sus labios. Tomó por el lomo una de las guías de Madrid y pasando las páginas por las esquinas, lo justo para poder discernir las letras impresas, encontró la “U”. Uriarte no era un apellido demasiado común en Madrid. Cincuenta. Cincuenta personas con ese apellido en la capital. El hombre esperaba que no hubiera un número tan abultado. “¿Cómo era el segundo apellido?”, se repetía, cerrando los ojos, intentando concentrarse para recordarlo. Creía que se trataba de “González”, pero era una pura especulación, porque la certeza de que fuera aquel apellido era mínima. “Uriarte González” únicamente figuraban ocho en aquel maremágnum de nombres y números. En aquellos ocho nombres estaba su destino, pero había que buscarlo y, sobre todo, retenerlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-6822021142825632025?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/6822021142825632025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=6822021142825632025' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/6822021142825632025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/6822021142825632025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/tercera-parte-siniestro-total.html' title='TERCERA PARTE: SINIESTRO TOTAL'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-6845830509872385439</id><published>2009-02-15T08:19:00.000+01:00</published><updated>2009-02-15T08:23:26.398+01:00</updated><title type='text'>VII.</title><content type='html'>Las páginas del calendario fueron cayendo de igual modo que lo hacía en el olvido la búsqueda de Nacho. La policía calificó la situación de “desaparición” tras el plazo establecido para tal denominación. Los medios de comunicación se ocuparon del muchacho del barrio de San Blas que se había esfumado. En la televisión aparecieron vecinos, profesores y familiares que aseguraban que era un muchacho encantador, educado, que le conocían muy bien y sentenciaban que el secuestro era lo que había provocado todo. El secuestro. Se engañaban y lo sabían, pero a pesar de ello continuaban diciéndolo. Pero pronto tuvieron que cambiar sus declaraciones, cuando se descubrió una nota de Nacho.&lt;br /&gt;   Una mañana, Clara abrió la puerta del armario de la cocina donde guardaba sus pastillas. Se disponía a tomar una buena dosis de tranquilizantes. Algo le decía en su interior que si bien no le solucionarían los problemas, si ayudarían a mitigarlos, a hacerlos tan simples que resultaría sencillo ignorarlos. Entonces vio el vaso donde estaban las llaves de la casa que tenían en la Sierra. No estaban. Notó cómo se le aceleraba el corazón; le latía con tanta fuerza que creía que le iba a quebrar la caja torácica. Sentía las palpitaciones en las venas de su frente y corrió frenéticamente hacía el teléfono para marcar el número del trabajo de Pedro. &lt;em&gt;“Está en la Sierra. Nacho se ha ido allí”,&lt;/em&gt; se repetía convencida de que esa era la realidad. La policía no tardó en llegar al chalé de la familia. La puerta no estaba cerrada con llave, lo que ayudó a reforzar aún más la teoría de Clara. Pero la puerta dio paso a la desolación, la decepción, la cólera. El silencio de la casa era absoluto. Ni siquiera fue necesario registrarla de arriba abajo; sobre la mesa de la cocina encontraron las llaves que debían haber estado en el vaso, rodeado de tranquilizantes. Debajo de las llaves un papel con la letra de Nacho se encargaría de destrozar cualquier vestigio de esperanza en los corazones de sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;¿De veras pensabais que iba a estar aquí ? Eso sería demasiado estúpido, ¿no ? No os preocupéis por mí, estaré perfectamente. No creo que os pida nada del otro mundo, es lo que habéis hecho toda la vida : no preocuparos.&lt;br /&gt;                             Adiós,&lt;br /&gt;                                                  Nacho.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;   La búsqueda cesó. Poco a poco se fue olvidando al muchacho. Pedro y Clara regresaron paulatinamente a  su vida rutinaria. Con el paso de los años todo el mundo pareció ignorar la ausencia de Nacho. Ya no merecía la pena luchar por alguien que había demostrado su desprecio por todo y por todos.&lt;br /&gt;   Ángel, Luna y Beatriz tardarían muchos más años en olvidar a Nacho. Necesitarían más tiempo para convencerse de que ese día que amanecía tampoco verían a su amigo. Le echarían de menos, porque cuando se tiene un amigo como Nacho es preciso mucho, mucho tiempo para lograr cerrar la herida abierta por su ausencia... quizá demasiado. El calendario sería quien marcara el límite a sus corazones, a su memoria. Sería el calendario el verdugo de su nostalgia, el paladín del olvido. Realmente jamás habría alguien que fuera capaz de reemplazar a Nacho, pero un buen conjunto de personas sí ayudarían a reducir a un liviano recuerdo al muchacho. Sería un nombre más en la agenda de teléfonos, un cumpleaños más en la lista de aniversarios... uno más. Incluso Iñaki moriría con el tiempo... Sólo existiría Nacho y lo haría tan frágilmente, que a penas si se percibía en la memoria, en el corazón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-6845830509872385439?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/6845830509872385439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=6845830509872385439' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/6845830509872385439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/6845830509872385439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/vii.html' title='VII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8775947107606154844</id><published>2009-02-13T15:44:00.001+01:00</published><updated>2009-02-13T15:44:53.351+01:00</updated><title type='text'>VI.</title><content type='html'>El sonido agudo del portero automático precedió a la voz de Beatriz. Cuando oyó a Ángel y Luna dudó por unos instantes y, finalmente, un susurro anunció su bajada a la calle. Resolvieron pasear por el parque que había cerca de su casa mientras charlaban acerca de Nacho. La sorpresa de Beatriz fue mayúscula cuando conoció la noticia de la desaparición de su novio. Recibió el hecho con unas lágrimas que se perdían en el escote de su blusa. Decidió contar lo sucedido la noche anterior en La Pérgola.&lt;br /&gt;   - Se marchó y me dio un buen plantón. Hoy estaba tan cabreada que por eso no he querido ir a clase -explicó-. Pero no me imaginé que se iba a fugar. ¿Y nadie sabe nada?&lt;br /&gt;   - Si no sabes nada tú, que eres con quien más estuvo en los últimos meses, nadie sabe nada -respondió Ángel.&lt;br /&gt;   - No, yo no sé nada. El caso es que sí, se le veía un poco harto de todo, pero no me dijo nada. Habíamos discutido, pero no creo que se haya ido por eso... discutíamos a menudo.&lt;br /&gt;   - A lo mejor ésa es la causa -arremetió Luna, agresiva.&lt;br /&gt;   - Tú que sabrás. No te metas donde no te llaman, idiota.&lt;br /&gt;   Antes de que Luna tuviera tiempo de replicar, Ángel se adelantó y trató de calmar los ánimos. La conversación, empero, siguió por el mismo camino. Cada frase de ambas, daba pie para que la contraria supusiera toda una provocación. La rivalidad de las dos muchachas sorprendió a Ángel, que no veía el modo de parar aquel enfrentamiento que se perdía en lo inútil, puesto que la susceptibilidad no les ayudaría mucho a localizar a Nacho. Tras analizar por espacio de una hora los posibles motivos por los que su amigo se había fugado, no supieron desentrañar la causa real. Todo se convertía en absurdas divagaciones, sin demasiada base, que acababan desmoronándose por su propia inconsistencia.&lt;br /&gt;   Nacho había sufrido una increíble transformación a los ojos de sus amigos y su novia.&lt;br /&gt;Era un completo desconocido que, de un modo irracional, se había convertido en imprescindible. Ignoraban casi todo acerca de él y no habían reparado en ello hasta el momento en que más falta les hacía. Su único consuelo era que ni siquiera sus padres le conocían. Posiblemente, eran ellos tres los que poseían un mayor conocimiento de Nacho y de lo que era en realidad. Esta situación les hacía sentirse impotentes, inútiles.&lt;br /&gt;   - Tiene gracia -murmuró Beatriz-. Aquella noche, en el pub del piano, me lo dijo. ¡Cómo fue exactamente? Creo que lo llamó “un adiós inesperado y definitivo”. Y no le creí. Le contesté que eso era muy fácil decirlo pero no hacerlo -hizo una pausa para tomar aire y sonarse la nariz, congestionada por el llanto-. Y él lo sabía, Dios mío, sabía perfectamente que esa misma noche se iba a marchar. Cuando me dijo que me quería lo hizo de un modo que..., que parecía el último. En ese momento no quise darle importancia y creí que era yo, que estaba demasiado romanticona después de aquella canción. Pero era eso, era el último “te quiero”, el último beso...&lt;br /&gt;   Beatriz rompió a llorar, cubriéndose el rostro con las manos. Ángel la abrazó y dejó que apoyara la cabeza sobre su hombro. Quería consolarla de alguna manera, a ella y a Luna, pero no sabía cómo. Ni siquiera sabía cómo consolarse a sí mismo. Resultaba que Nacho lo tenía todo planeado y no había desvelado su fuga a nadie. Aquello no era un fogonazo y, precisamente por eso era mucho más preocupante y desolador. El frágil rayo de esperanza que aún alumbraba su angustia, había desaparecido, se había extinguido. Nada quedaba de él y se hallaban inmersos en la oscuridad de la melancolía, de la depresión en la que no se ve salida posible. Esa oscuridad de la que uno se empapa, convenciéndose que es inútil tratar de evadirse. A veces, ni siquiera se tienen ganas de escapar. Esa oscuridad que ciega a cualquiera que se hunda en ella, que supone una odiosa soledad, difícil de sobrellevar, a pesar de encontrarse rodeado de gente. Esa profunda oscuridad que únicamente puede estallar en una amalgama de color y luz si la persona que la produjo se lo propone, si la persona que decidió compartirla creyendo que así la combatía regresa al punto de partida. Pero esa persona ya estaba muy lejos. Antes de irse, incluso, se encontraba alejado. La distancia que había por medio era insalvable. Todos lo sabían. Todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8775947107606154844?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8775947107606154844/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8775947107606154844' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8775947107606154844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8775947107606154844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/vi.html' title='VI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8109561969143694113</id><published>2009-02-11T21:03:00.001+01:00</published><updated>2009-02-11T21:08:35.543+01:00</updated><title type='text'>V.</title><content type='html'>Subía de tres en tres los peldaños de las escaleras, sorteando a los alumnos que se dirigían a la cafetería. La clase de Beatriz se encontraba en la sexta planta, junto a los laboratorios. A medida que ascendía de nivel, Ángel notaba cómo la fatiga se apoderaba de él y el número de escalones se veía reducido, subiéndolos ahora de uno en uno y con un ritmo mucho más pausado. Cuando atravesó la cuarta planta se cruzó con Luna, que al verle salió a su paso.&lt;br /&gt;   - ¿A dónde vas?&lt;br /&gt;   - A buscar a Beatriz -contestó Ángel.&lt;br /&gt;   - Oye, ¿qué te ha contado el padre de Nacho?&lt;br /&gt;   - Es un gilipollas -replicó con desprecio.&lt;br /&gt;   - ¿Por?&lt;br /&gt;   - ¿Te puedes creer que piensan que está metido en drogas ? ¡Vamos, hombre!&lt;br /&gt;   El silencio se hizo con el dominio de la situación hasta que llegaron a la sexta planta. Se dirigieron hacia la clase de Beatriz. Buscaron su rostro entre aquel conjunto de caras desconocidas y no lo hallaron por ninguna parte. Preguntaron a un par de muchachas que se sentaban cerca del sitio en que acostumbraba a hacerlo Beatriz.&lt;br /&gt;   - No, hoy no ha venido en todo el día.&lt;br /&gt;   Ángel y Luna cruzaron sus miradas y compartieron el mismo pensamiento : “¿Se habrían fugado juntos?”. Decepcionados, bajaron de nuevo las escaleras y resolvieron saltarse el resto de las clases del día para poder charlar con tranquilidad en la cafetería.&lt;br /&gt;   Sentados en el suelo porque todas las mesas se encontraban ocupadas, mantuvieron una conversación que trataba por todos los medios de resolver, en vano, el enigma de la desaparición.&lt;br /&gt;   - Yo le conozco desde hace muchos años -aseguró Ángel-, pero tú has hablado mucho con él. ¿Nunca te contó nada?&lt;br /&gt;   - No -respondió Luna, vacilando- Bueno, alguna vez me había comentado que estaba un poco quemado de todo, en su casa, cuando discutía con Beatriz... Pero todos hemos estado quemados y no nos hemos fugado.&lt;br /&gt;   - Ya, pero Nacho no es todos y tú lo sabes.&lt;br /&gt;   El silencio volvió a hacerse con el dominio de la situación. Ambos pensaban igual, compartiendo idéntica reflexión y mismo temor a admitirlo. Fue Ángel quien se lanzó al vacío y dijo la terrible verdad que angustiaba con su peso a los dos.&lt;br /&gt;   - Le conocíamos pero no sabíamos nada de él.&lt;br /&gt;   - ¿Por qué hablas en pasado? -preguntó la muchacha, levantando la cabeza para inquirir aún más con la mirada.&lt;br /&gt;   - Vamos Luna, no me digas que no tienes la sensación de que jamás volverás a verle.&lt;br /&gt;   Se calló. Volvió a bajar la cabeza y notó como una lágrima se escapaba de su ojo, resbalando por la mejilla. Aquella lágrima casi le quemaba la piel. En ese momento hubiera deseado levantar la cabeza y encontrarse con Nacho en lugar de Ángel, pero en el fondo todo lo que había dicho éste era la triste realidad. Jamás volverían a ver a su amigo. Cuando Nacho hacía algo, cabían siempre dos posibilidades : que fuera fruto de una larga reflexión, en cuyo caso no se volvería atrás por considerarlo suficientemente razonado, o que fuera producto de uno de sus fogonazos, y tampoco se arrepentiría porque de no ser por esos fogonazos, para bien o para mal, Nacho estaría muerto en vida. Eran aquellos impulsos los que le elevaban a lo que era o le reducían, porque no se sabía muy bien si  aquello era un virtud loable o un defecto despreciable.&lt;br /&gt;   - ¿Y por qué nos hemos tenido que dar cuenta ahora, precisamente ahora que ya no podemos hacer nada? -quiso saber amargamente Luna.&lt;br /&gt;   - No tengo ni idea. No sé tú, pero yo no necesité nunca que me contara más de lo que me contaba.&lt;br /&gt;   - Eso es verdad -corroboró-. Sabía hacerlo muy bien. Te ponías a hablar con él y cuando te ibas estabas contenta porque te habías reído un montón y te olvidabas un rato de los problemas. De todos modos, muchas veces se le notaba que le pasaba algo, aunque tratara de disimularlo con sus gansadas. Anda que no he intentado veces que me lo contara y siempre le decía “¿Qué te pasa?” y me respondía “Nada”. Y yo lo puedo preguntar dos veces, tres veces, pero si siempre tienes la misma respuesta, pues mira, sinceramente, paso de seguir hablando del tema.&lt;br /&gt;   - Hay que hablar con Beatriz -sugirió Ángel, dando un giro a la conversación-. Ella seguro que sabe algo -miró a Luna y le guiñó un ojo-. ¿Vamos?&lt;br /&gt;   Los dos amigos salieron de la Facultad, vencidos por la amargura de creer que no verían más a Nacho. Ni siquiera la esperanza sería capaz de arremeter contra aquella angustiosa sensación que les devoraba las entrañas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8109561969143694113?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8109561969143694113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8109561969143694113' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8109561969143694113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8109561969143694113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/iv_11.html' title='V.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-7668590642906707</id><published>2009-02-11T21:03:00.000+01:00</published><updated>2009-02-11T21:04:57.620+01:00</updated><title type='text'>IV.</title><content type='html'>- ¿Cuándo fue la última vez que le viste? -preguntó Pedro.&lt;br /&gt;   - Hace un par de días, más o menos -Ángel trataba de hacer memoria pero no lograba acordarse exactamente.&lt;br /&gt;   - ¿Te dijo algo o viste que hiciera algo raro?&lt;br /&gt;   - No, que va. Estaba como siempre. Venía a clase, bajábamos a la cafetería... lo de siempre.&lt;br /&gt;   - ¿Y no le pasaba nada?&lt;br /&gt;   - No.&lt;br /&gt;   - ¿Nada? ¿Estaba metido en drogas?&lt;br /&gt;   Ángel se enfadó. Cerró fuertemente el puño y se contuvo milagrosamente para no reaccionar con demasiada brusquedad.&lt;br /&gt;   - No tiene ni puta idea de quién era su hijo, ¿verdad?&lt;br /&gt;   - Escucha, niñato -dijo Pedro, clavando su dedo anular en el pecho del joven-, conozco mejor que nadie a mi hijo y sé perfectamente que no se ha ido por su propia voluntad. O se lo han llevado o le han convencido para que se fuera.&lt;br /&gt;   - Lo que yo decía, ni puta idea... Tenga -dijo escribiendo unas cifras en un pedazo de papel-, éste es mi número. Llámeme en cuanto sepa algo o si les hago falta.&lt;br /&gt;   Ángel no regresó a clase. Se dirigió inmediatamente a la cafetería. Pidió una cerveza y se sentó en la mesa que solía ocupar con Nacho. Repasó mentalmente los días pasados y no encontraba ningún motivo por el que su amigo se hubiera fugado. Y había hecho eso : se había fugado. La posibilidad de un rapto se desvanecía desde el mismo instante en que faltaba ropa en el armario de Nacho y una bolsa de viaje había sido extraída del maletero donde se guardaba. Ángel conocía los problemas de su amigo en casa ; nunca los había conocido a fondo, pero sabía de su existencia. A pesar de ello, consideraba que no era razón suficiente para haberse marchado.&lt;br /&gt;   Cuatro botellas vacías de cerveza escoltaban a una llena que Ángel sostenía con su mano. Seguía reflexionando acerca de la conversación mantenida con el padre de Nacho. No podía dar crédito a lo que había oído. Era inconcebible que contemplaran la posibilidad de las drogas, ¿o no? Estaba muy confuso. Se lamentaba amargamente de la desaparición de su amigo y veía arruinados todos sus sueños, surgidos siempre del whisky de alguna borrachera, de encontrar en un futuro un trabajo, ganar un sueldo decente y viajar a Alemania, a la Fiesta de la Cerveza. Y eso era lo menos grave que podía suceder. Lo peor, pensaba, era que perdería a un amigo que siempre lo había dado todo por él, sin pedir jamás explicaciones. Un amigo que a veces se ausentaba por cualquier motivo y que rechazaba alguna juerga de vez en cuando, pero que si se le necesitaba, ni siquiera daba tiempo a pensar en pedir su ayuda, ya estaba allí. Un amigo que nunca falla, un verdadero amigo.&lt;br /&gt;   Ángel recordó entonces a Beatriz. Quizá ella supiera algo más de Nacho. Últimamente se había visto mucho y ella sería seguramente quien pudiera aportar más información sobre el paradero de Nacho. Acabó la quinta cerveza y se levantó, dispuesto a buscar a Beatriz. Tan solo esperaba que no fuera precisamente ella la causante de la fuga, aunque algo le decía en su interior que resultaba lo más probable.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-7668590642906707?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/7668590642906707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=7668590642906707' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7668590642906707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7668590642906707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/iv.html' title='IV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-4746364073115177403</id><published>2009-02-01T09:51:00.000+01:00</published><updated>2009-02-01T09:52:37.001+01:00</updated><title type='text'>III.</title><content type='html'>Los alumnos más rezagados corrían por los resbaladizos pasillos que surcaban la Facultad de un extremo a otro. Pedro ignoraba cuál era la clase de su hijo; tenía la impresión de que aquel edificio de hormigón y cristal se cernía amenazante sobre todo extraño a él, invitándole a abandonar la estancia. Se sentía incómodo entre aquellos muros que encerraban a unos veinteañeros soñadores... como su hijo. Deseaba chocarse con algún alumno despistado y que, cuando se agachara para recoger los apuntes desparramados por el suelo, viera el rostro de Nacho. Todo habría resultado ser una confusión... por la que Nacho debería pagar, por supuesto. “Pero no había ropa”, se repetía una y otra vez.&lt;br /&gt;   El padre llegó a la secretaría convencido de que allí podrían facilitarle la clase de su hijo. Después de explicar minuciosamente y por dos veces todo lo sucedido, la secretaria de gafas ovaladas y carmín escarlata accedió a dar el dato: el aula 409. Dos minutos más tarde, la puerta de la clase 409 era golpeada por tres veces y se abría, dejando ver a Pedro, que sintió una vergüenza amedrentadora ante las miradas de desaprobación que le seguían los pasos. Cuando llegó a la tarima, subió y puso en conocimiento del profesor todo lo sucedido.&lt;br /&gt;   - Vamos a ver, silencio, por favor -puso orden el maestro en su aula-. Este caballero es el padre de Ignacio del Valle Carrión. Parece ser que ha desaparecido y sus padres quisieran hablar con alguno de sus amigos.&lt;br /&gt;   Luna sintió un nudo en el estómago. Bajó la mirada al papel y tuvo que contener las lágrimas. Ángel se levantó inmediatamente.&lt;br /&gt;   - Yo le conocía...-aseguró Ángel, que tras vacilar unos instantes añadió- ...bueno, le conozco.&lt;br /&gt;   Luna levantó la cabeza y  pensó acompañar al muchacho, pero antes de que pudiera decidirse si lo hacía o no, Pedro abandonaba la clase con el joven. “A lo mejor es mejor esperar a ver qué le dicen a Ángel”, pensaba. No quería involucrarse con la familia de sus amigo, prefería quedarse al margen y a la expectativa del desarrollo de los acontecimientos. Según fueran transcurriendo éstos, tomaría las decisiones oportunas. Sin embargo, en lo más profundo de su ser era consciente de que aquello no iba a ser posible. Quería demasiado a Nacho como para dejar que los hechos sucedieran sin más, sin que ella tomara parte en ellos. “Yo le conocía”, había dicho Ángel. Luna se reía de todos los que como Ángel, creía conocer a Nacho. Nadie le conocía. Ella creía que lo había hecho y de pronto un buen día comenzó a hablarle de La Malagueta, del Quitapenas y del cine Alameda. Nacho era un reducto, un pequeño tesoro que todos creían poseer y que nadie, jamás, había conseguido ver con claridad, deslumbrados quizá por aquella fachada tan perfectamente estudiada y que satisfacía a los demás.&lt;br /&gt;   El resto de la mañana, Luna estaría ausente, perdida en sus pensamientos, en sus recuerdos y, sobre todo, deseando que Nacho volviera... y que lo hiciera pronto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-4746364073115177403?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/4746364073115177403/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=4746364073115177403' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4746364073115177403'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4746364073115177403'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/02/iii.html' title='III.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-4526784376959461884</id><published>2009-01-30T17:20:00.000+01:00</published><updated>2009-01-30T17:22:54.720+01:00</updated><title type='text'>II.</title><content type='html'>Pedro se levantó aquella mañana entregado por completo a la rutina diaria. Tras haberse incorporado de la cama, fue deslizándose por el pasillo, procurando no hacer demasiado ruido para no despertar a su familia. Entró en el cuarto de baño y se sorprendió al descubrir que Nacho no se encontraba en él. Solían coincidir todos los días, en ese espacio de tiempo en que uno finaliza sus tareas de aseo y otro las comienza. Pero aquella mañana no se encontraron. Media hora después, Pedro salía del cuarto de baño perfectamente afeitado y con un pelo engominado impecablemente. Se dirigió al cuarto de Nacho con la intención de darle los rutinarios “buenos días”, pero su hijo tampoco estaba allí. Su cama no había sido deshecha; las sábanas se hallaban inmaculadamente estiradas, sin una sola arruga que revelase que hubiera sido ocupada por la noche. Pedro no supo cómo reaccionar durante unos segundos. Miraba atónito la sábana pulcramente extendida y por su mente comenzaron a precipitarse desordenadamente una larga lista de lugares en los que podía encontrarse su hijo.&lt;br /&gt;   Esta vez no se deslizó a lo largo del pasillo, corrió desesperadamente hacía su dormitorio en busca de su mujer. Clara se despertó sobresaltada.&lt;br /&gt;   - ¿Qué pasa, Pedro?&lt;br /&gt;   - Nacho no está.&lt;br /&gt;   - ¿Qué?&lt;br /&gt;   - Que no está -repitió el padre-, que no ha pasado la noche aquí.&lt;br /&gt;   - ¿Cómo que no ha pasado la noche aquí? -preguntó Clara.&lt;br /&gt;   - ¡Que no, joder, que no! ¡Pareces tonta!&lt;br /&gt;   Una vez que se hubieran calmado, buscarían  la agenda de su hijo entre las montañas de papeles que se amontonaban en su escritorio. No encontraron más que sus restos calcinados en una papelera. Nacho debía de haber quemado la agenda antes de irse. Ya no cabía la menor duda. En un principio, los padres habían pensado que su hijo estaría seguramente en casa de Ángel o de algún otro amigo. Ahora, en cambio, permanecían mirándose fijamente, en silencio, al pie de la papelera que contenía las cenizas de la agenda. Clara se llevó la mano a la boca. Una lágrima resbaló por su mejilla.&lt;br /&gt;   - No, Dios mío, no, por favor -suplicó mientras se encaminaba rápidamente al armario de su hijo. Abrió bruscamente las puertas de madera de roble y cuando observó la ropa que descansaba en las baldas se dejó caer sobre sus rodillas, emitiendo un grito histérico. Faltaban unas cuantas prendas. Pedro se acercó y la rodeó con los brazos, tratando de consolarla.&lt;br /&gt;   - ¡Déjame, cabrón! -gritó Clara-. La culpa la tienes tú, hijo puta, que siempre estás peleándote con él.&lt;br /&gt;   Pedro la soltó, como quien se desprende de algo inútil y molesto.&lt;br /&gt;   - ¿Yo? Pero qué mala eres, ¡qué mala eres! Tú si que estabas siempre peleándote.&lt;br /&gt;   El intercambio de insultos y acusaciones aún duraría unos diez minutos. Cuando repararon en que el tiempo corría en su contra cesaron en sus mutuas descalificaciones y llamaron a la policía. En mitad de la angustiosa excitación y el frenético histerismo del que eran objeto, recibieron bruscamente desde la centralita policial, como un pesado y duro mazazo, la fatídica pregunta:&lt;br /&gt;   - ¿Es mayor de edad?&lt;br /&gt;   Esperó la respuesta afirmativa, que se demoró un tanto por el desconcierto producido ante aquella pregunta.&lt;br /&gt;   - Pues no lo podemos considerar todavía como una desaparición. Puede haber ido a cualquier sitio, por cualquier motivo. Lo siento.&lt;br /&gt;   - Escúcheme, señorita -exigió Pedro con crispación-, mi hijo no se iría toda la noche fuera sin decirme nada, ¿me oye?&lt;br /&gt;   - Lo siento de veras, pero no han transcurrido las horas necesarias para considerarlo desaparición.&lt;br /&gt;   La desolación se instalaría en casa de Pedro y Clara, empapando el ambiente de una pegajosa sensación de vacío, de profunda decepción. ¿El remedio? Aquello no tenía remedio, aunque ellos lo ignoraran e intentaran por todos los medios retener a su hijo, todas las puertas estaban cerradas... y únicamente Nacho era capaz de abrirlas de nuevo, pero se encontraba demasiado lejos para hacerlo, para coger las llaves de esas puertas y utilizarlas. Llaves que se habían fundido a la vez que la agenda quedaba totalmente calcinada, sin posibilidad alguna de recuperarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-4526784376959461884?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/4526784376959461884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=4526784376959461884' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4526784376959461884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4526784376959461884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/ii.html' title='II.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8138020666838344418</id><published>2009-01-29T07:58:00.000+01:00</published><updated>2009-01-29T08:00:53.884+01:00</updated><title type='text'>SEGUNDA PARTE: CAMBIO DE RUTA</title><content type='html'>Beatriz esperaba la llegada de Nacho... o Iñaki, como le llamaba. Para ella siempre había sido Iñaki. Con el resto de la gente aquel muchacho se comportaba como Nacho, pero con ella, pensaba, era Iñaki. Eso le servía para diferenciarle. ¿De qué? No, no era esa la pregunta; sería más correcto cuestionarse de quién: de todos. Nacho era su posesión, no cabía la posibilidad de que cayera en manos ajenas. Si los demás querían a ese chico, deberían conformarse con un burdo pedazo de Nacho... el resto de Iñaki sería plenamente para Beatriz.&lt;br /&gt;   Pero Nacho, Iñaki o como se designe al muchacho que hacía breves minutos, había subido los escalones del entarimado desgastado, había desaparecido. Beatriz seguía esperando, emocionada, el regreso de su novio a la mesa. Sentía unos incontenibles deseos de estrecharle en sus brazos y cubrirle de besos. Le amaba. Tras haber escuchado aquella canción, había saltado un resorte en su corazón. Un resorte que despertó una extraña sensación de vacío, la cual, al mismo tiempo, le producía un lleno absoluto. Era demasiado confuso. Sabía que quería a Nacho, pero hasta el preciso instante en que escuchó boquiabierta aquel tema, no había sido consciente de que le amaba.&lt;br /&gt;   Pero Nacho había desaparecido. Un cuarto de hora. Los cubitos de hielo totalmente derretidos en el refresco. Las lágrimas secas en el pañuelo de papel. Aquella silla vacía en frente de Beatriz comenzaba a angustiarla. Se preguntaba una y otra vez dónde estaría, cuando llegaría. Quince minutos eran demasiados minutos. Beatriz pasaba el vaso del refresco de una mano a otra inconscientemente, inmersa en sus pensamientos. Reparó en que ni siquiera sabía que Nacho tocara el piano. Este hecho no era aislado, encabezaba una larga lista de datos del pasado de Nacho que no habían visto la luz para ella. Por un momento creyó que amaba a un completo desconocido. Comenzó a repasar todo cuanto sabía acerca de él y era incapaz de recordar más de diez ocasiones en que se hubiera abierto a ella. Y curiosamente, jamás lo había necesitado. Nacho parecía tener la enigmática habilidad de hacer olvidar su curiosidad a los que le rodeaban. Todo el que estaba junto a él sentía la necesidad de abrir las puertas de su pasado, de su presente e, incluso de su futuro, de par en par y le invitaba a instalarse. Sin embargo,  Nacho acababa convirtiéndose en el huésped  bohemio, extravagante, extraño. A los ojos de los demás, que precisaban de él más de lo que quisieran, ya no era extraño. Era preferible pensar que era especial.&lt;br /&gt;   Pero Nacho había desaparecido. Media hora. La pareja de la mesa de la derecha se reía tímidamente, como no queriendo irrumpir con escandalosas carcajadas en el silencio del local, enmarcado por las notas del piano. Él cogía las manos de su pareja y hablaba suavemente. Ella esbozaba en su rostro una sonrisa y el brillo de sus ojos despedía diminutos destellos de felicidad. De pronto, el hombre levantó su mano izquierda, rodeó despacio la nuca de su amada y acercó sus labios al oído. Susurró unas palabras que produjeron un efecto de asombro y alegría en la mujer. Ella, con los ojos vidriosos, le besó suave y profundamente... como sólo dos enamorados saben besar. Beatriz contemplaba la escena y trataba de convencerse de que de un momento a otro Nacho aparecería de nuevo y se sentaría en su silla. Cogería sus manos y conseguiría que la sombra de la tristeza se esfumara de su faz. Le diría que la amaba y expresaría sus deseos de permanecer junto a ella el resto de su existencia. Y se besarían y , probablemente, acabarían la noche en su casa, haciendo el amor en la cama de sus padres y prometiéndose felicidad eterna.&lt;br /&gt;   Pero Nacho había desaparecido. Una hora. La pareja de la mesa de la derecha había abandonado el local cogida de la mano. Beatriz se estaba engañando. Y lo sabía. Sabía que Nacho no regresaría, que su “Te quiero, hasta la vista” había sido definitivo. Sabía que aunque permaneciera sentada en aquella silla hasta que cerrasen el pub, no le volvería a ver. Sabía, en definitiva, que Nacho había desaparecido. Sólo esperaba que no fuera para siempre, pero incluso en ese deseo creía estar engañándose.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8138020666838344418?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8138020666838344418/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8138020666838344418' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8138020666838344418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8138020666838344418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/segunda-parte-cambio-de-ruta.html' title='SEGUNDA PARTE: CAMBIO DE RUTA'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8499639063778783678</id><published>2009-01-27T21:36:00.000+01:00</published><updated>2009-01-27T22:11:28.837+01:00</updated><title type='text'>XVII.</title><content type='html'>Era una noche como otra cualquiera. La oscuridad se había dejado caer por la ciudad y me encontraba en la calle de Beatriz. Permanecía sentado en un banco de madera tan carcomida como mi decisión. Intentaba concentrarme en lo que iba a hacer ; no quería que nada saliese mal, no esta vez. Fui a un bar próximo a la casa de Beatriz y me dirigí al teléfono. A medida que iba marcando los números notaba cómo se abría ante mi una grieta insalvable, y marcaba más y más rápidamente.&lt;br /&gt;   - ¿Diga? -contestó Bea. Era ella, estaba seguro y, precisamente por eso colgué. Me había quedado en blanco, sin palabras. Nunca me había sucedido algo parecido y me sentí estúpido. Volví a marcar y, esta vez, la grieta me engulló.&lt;br /&gt;   - ¿Diga? -era de nuevo ella.&lt;br /&gt;   - ¿Bea? ¿Qué hay? ¿Qué tal?&lt;br /&gt;   - Bien, bien... Oye, ¿dónde estás, que se oye tanto jaleo?&lt;br /&gt;   - En el bar que hay debajo de tu casa. ¿Bajas un momentito?&lt;br /&gt;   - Dame cinco minutos -contestó y la voz se perdió bruscamente en el pitido de la línea cortada.&lt;br /&gt;   Aquellos cinco minutos siempre eran diez, pero en esta ocasión fueron realmente cinco y esa noche comenzó a no ser una noche cualquiera. Sugerí que fuéramos a un bar que conocía muy bien : La Pérgola. Las últimas noticias que me habían llegado acerca del local aseguraban que el dueño había cambiado ; Diego se había esfumado. Ojalá lo hubiera hecho para siempre. En cualquier caso, el piano seguía allí, esperando, quizá, mi regreso. Me agradaba la idea de figurarme al piano con vida propia, echándome de menos porque como yo nadie lo ha tocado ni ha interpretado canciones tan tristes.&lt;br /&gt;   Cuando llegamos, lo primero que hicimos fue pedir dos cervezas y sentarnos en una de las mesas situadas al fondo, desde donde se veía el escenario y la luz era muy tenue. Comenzamos a hablar de banalidades, como siempre hacíamos, para terminar discutiendo sobre nuestros futuros, que siempre eran distintos y separados el uno del otro, aunque se suponía que nos amábamos. “Mecanismos de defensa”, que suele decirse... Ella se imaginaba ejerciendo su carrera, soltera, independiente y sin haber perdido por el camino ninguno de sus rasgos más distintivos. Sonaba bien, muy bien. “¿Y tú?”, me preguntó. “Yo no me imagino, ni sé ni quiero imaginarme mi futuro. Sólo sé una cosa y cuando llegue el día habrá llegado pero eso es todo”. Respuesta, cuando menos, desconcertante, pero ella estaba acostumbrándose a ese tipo de contestaciones, a las que ya restaba importancia.&lt;br /&gt;   - ¿Tan quemado estás de todo?&lt;br /&gt;   - ¿Quieres que te diga la verdad? Hasta hoy voy tirando con lo que tengo, que aunque no es poco, no es suficiente. Y me fastidian muchas cosas y no tengo demasiada suerte con nada... Hasta el día que me harte, pase de todo y quiera desconectar. Ese día cogeré lo imprescindible, me haré con una caravana y si te he visto no me acuerdo. Será un adiós inesperado y definitivo. Llegaré donde nadie me conoce y donde nadie se interese por mi. Dicen que los lugares cambian pero las personas no. Es cierto. También aseguran que huyendo no se gana nada...&lt;br /&gt;   - Y es cierto -interrumpió Beatriz.&lt;br /&gt;   - ¿Sí? Pues yo digo que tampoco se pierde demasiado. Y algún día puede que lo demuestre.&lt;br /&gt;   - No serás capaz. Decirlo a la ligera es muy fácil, pero del dicho al hecho hay mucho trecho.&lt;br /&gt;   -¿Tú crees? Pues lo haré y muchos me pedirán que vuelva y eso únicamente servirá para alejarme aún más... aunque allá, en el mismo quinto infierno, lo esté pasando fatal y malviviendo, pero estaré malviviendo mi propia vida y seré casi libre. Y me tiraré veinte años ahorrando dinero para que cuando llegue el 13 de marzo del 2013, me compre un traje elegante y caro, compre dos pasajes para Nueva York, te llame y te haga el mejor regalo de cumpleaños de toda tu vida, enredados desnudos entre las sábanas de un hotel de la Quinta Avenida. Y ese día ya sí seré libre, completamente libre, habiendo dejado atrás a todo y a todos.&lt;br /&gt;   Beatriz estaba pálida y sus ojos brillaban tanto que parecía que iban a rebosar. No sabía qué hacer, qué decir... pero yo sí. La besé y me correspondió con uno de esos escasos besos sinceros. “Te quiero... espera un momento”. Me levanté y hablé con el dueño del local. Tras una breve conversación y un intercambio de palabras por dinero me dirigí hacia el escenario. El pianista que hasta entonces había estado tocando, dejó de hacerlo y me cedió su sitio, obedeciendo la seña del dueño. Bea estaba completamente desconcertada; no tenía la más remota idea de lo que estaba sucediendo.&lt;br /&gt;   Ajusté el asiento a la altura adecuada, respiré hondo y, tras mirar durante unos segundos ese piano, comencé a interpretar la mejor canción que jamás he compuesto... y era la canción de Bea. Lo hice como en los viejos tiempos, sin partitura. Era magnífica la sensación que experimentaba, llegando a dudar si aquello lo estaba haciendo por Bea o por mí. Ella, emocionada, lloraba. Y me sentí el hombre más feliz del mundo, aunque sólo durase unos instantes, incluso el más amado. Terminé la canción y con un “Te quiero, hasta la vista” desaparecí por detrás del escenario. Bea se quedó allí esperando a que me reuniera de nuevo con ella. Ignoro cuánto estuvo realmente.&lt;br /&gt;   Después de unos minutos, supongo que se daría cuenta de que, recordando mi pasado, intentando recuperarlo de algún modo, acababa de perder mi presente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8499639063778783678?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8499639063778783678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8499639063778783678' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8499639063778783678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8499639063778783678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xvii.html' title='XVII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-2885109761337477483</id><published>2009-01-25T20:42:00.000+01:00</published><updated>2009-01-25T20:45:58.550+01:00</updated><title type='text'>XVI.</title><content type='html'>Allí estaba... una vez más. ¿Cómo era posible que aquel tipo no se diera cuenta de lo que me estaba haciendo? Y lo que es peor, ¿cómo no se daba cuenta ella? ¿O si lo hacía? Lo ignoro. Seguramente esta fue una de las razones que motivó el patético desarrollo de los acontecimientos posteriores.&lt;br /&gt;   No eran celos exactamente... o al menos eso creo. Descarto definitivamente la posibilidad de los celos porque éstos atacan únicamente cuando uno duda. Se trata de esa terrible duda que desmorona los cimientos más sólidos de cualquier seguridad. Aparece sin previo aviso, por la retaguardia y, en el momento más inesperado, ejecuta el golpe de efecto definitivo provocando el hundimiento más atroz.&lt;br /&gt;   No, no eran celos exactamente. Yo nunca fui víctima de esa certera duda. La incertidumbre no conseguía alcanzarme pues estaba escudado eficazmente tras la certeza de que Beatriz estaba realmente enamorada de mí. Cabría pensar que a pesar de hallarse en ese estado que se supone tan maravilloso, cayera en la antigua tentación del sexo. Sin embargo, la seguridad y confianza en ella eran tales que ni siquiera me planteaba el hecho de la infidelidad. Me agradaba pensar que en el penoso caso de que la tentación llamase a su puerta, tendría el mínimo tacto que se puede exigir y antes me lo diría... ¿o no?&lt;br /&gt;   No, no eran celos exactamente. Tan sólo me invadía una extraña sensación difícilmente definible, que me envenenaba las entrañas. En ocasiones, unos deseos febriles de golpear a Enrique se apoderaban de mí y juro que debía contenerme para no atacarle ferozmente. Y allí estaba una vez más. No lo soportaba. Con frecuencia se iba con ella sin mediar palabra o la acompañaba a lugares donde se suponía debería haber acudido yo. “¿Y no te importa?”, me decía Luna. La respuesta sólo podía ser una : “No, ¿por qué?”. No. Tras esa palabra nadie sabrá jamás el sufrimiento que yacía. Sentía que moría un poco por dentro cada día que llegaba a clase y les veía juntos de nuevo, o cuando me cruzaba con ella y ni siquiera me saludaba porque iba hablando con Enrique. Tras ese rotundo “no”, que para Luna no era tan rotundo, se hallaba toda una amalgama de sensaciones, todas ellas en contienda con cualquier sentimiento de felicidad. Y nadie lo sabía. Nadie.&lt;br /&gt;   “Joder, qué relación más rara”. Otra de las frases de Luna. ¿Qué relación? Llegaba un punto en que esa supuesta relación no era más que el espejismo esperanzador de una persona que se siente tan solo que dibuja a alguien en su mente, dotándole de todo aquello que precisa. Pero el espejismo se desmorona poco a poco. En un principio estaba convencido de que aquello saldría bien y creo que no era el único. Todo el mundo, incluso Ángel, estaba convencido de que no sólo formábamos una buena pareja, sino que llegaríamos muy lejos. Yo, en cambio, había fijado una fecha tope en la que se acabaría ese viaje y, sorprendentemente, el plazo ya había vencido... Pero no llegaríamos lejos. Me había equivocado al establecer el plazo con desastroso fin, pero el error era mínimo... tan mínimo como el amor que pareció sentir ella alguna vez por mí.&lt;br /&gt;   Estaba tan confuso que era incapaz de mantener un orden lógico en mis pensamientos. ¿Por qué hice lo que hice ? Quién sabe. Es la estúpida teoría de los fogonazos. Luna lo llamó en una ocasión, aquella vez a la salida del teatro, “impulsos”, pero siempre he preferido llamarlo “fogonazos”. Son situaciones en las que odiosamente condicionado por los acontecimientos que a uno se le han cargado paulatinamente a la espalda, se acaba por romper con todo. En lugar de desplomarse y hundirse sin vislumbrar posibilidad alguna de rehacerse, uno se inclina por descargar todo el peso... Lo terrible de estos espontáneos fogonazos es que fuerzan irremediablemente a dejar atrás tanto lo bueno como lo malo y partir a alguna parte, aún sin determinar, con el solo equipaje del recuerdo. Ni siquiera se puede decir que el valor sea tu compañero de viaje, porque cayó con el resto del lastre. Quien de veras sí te acompaña es la soledad, que siempre es fiel y proporciona conversación, esos larguísimos monólogos, tanto al que lo necesita como al que no, porque la soledad habla, y habla mucho... basta prestarle oídos. Eso es algo de lo que uno se da cuenta a medida que transcurre ese viaje a ninguna parte, cuyo destino está penosamente ligado al pasado a pesar de que uno ni siquiera quisiera asistir al presente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-2885109761337477483?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/2885109761337477483/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=2885109761337477483' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2885109761337477483'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2885109761337477483'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xvi.html' title='XVI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-5746656942383740876</id><published>2009-01-24T19:36:00.000+01:00</published><updated>2009-01-24T19:45:51.101+01:00</updated><title type='text'>XV.</title><content type='html'>Con dieciséis años rocé el alcoholismo y la drogadicción. Conseguí salir del mal camino y, admirablemente, en casa, una vez más, nunca supieron nada. Estuvieron a punto de perderme y estaban tan ocupados en gritarse el uno al otro que no se dieron cuenta. ¿Necesitaba su apoyo para salir de aquella pesadilla? Creo que no. Creo que fue precisamente su ignorancia e indiferencia lo que me impulsó a abandonar ese maldito veneno que me destrozaba las entrañas. Cada grito, cada bofetón, suponían un nuevo impulso para seguir diciéndome  “Hey, vamos adelante, que queda poco y tienes que demostrarte que no les necesitas... ni a ellos ni a nadie”. Ni siquiera a Marisa, a la que intenté sacar de su mortecino ambiente y fracasé. Incluso me costó más de una paliza por parte de Diego...&lt;br /&gt;   Y me lo demostré. No necesité a nadie y si no lo hice entonces, no lo haré jamás. Nunca me hará falta nadie porque más que un corazón, lo que tengo es una coraza demasiado sólida como para que alguien pueda traspasarla. Nadie. Nunca.&lt;br /&gt;   A los dieciocho años llegó a mis oídos la noticia de que Marisa había muerto : sobredosis. Se lo había advertido tanto... No me quiso escuchar. La grité hasta quedarme afónico y ni siquiera me oyó. Prefirió seguir escribiendo su particular partitura de vicio y destrucción, abrasándose en la hoguera mientras duró la leña.&lt;br /&gt;   - Sal de ahí.&lt;br /&gt;   - ¿Cómo? ¿Qué haré luego, Iñaki? Es mi vida. Mi partitura.&lt;br /&gt;   Me llamaba Iñaki, no sé por qué... como tampoco sé porque Bea lo hace. Son las dos únicas personas que me lo han llamado nunca.&lt;br /&gt;   - ¿Partitura? ¿Qué partitura?&lt;br /&gt;   - La de mi vida.&lt;br /&gt;   Silencio.&lt;br /&gt;   - Yo no soy como tú, Iñaki. Yo necesito una partitura para vivir.&lt;br /&gt;   Así se desarrolló la última conversación con Marisa. Di media vuelta y desaparecí.&lt;br /&gt;   La noche del velatorio acudí al tanatorio y dudé si entrar a verla o no. Finalmente decidí no verla. No quería que la última imagen que tuviera de ella fuera su tez pálida, enmarcada en un ataúd, con una apariencia tan fría... tan muerta. Deseaba recordarla en vida, aunque ya entonces estuviera medio muerta. A la salida del edificio me crucé con Diego. Una sensación de odio, asco y furia recorrió todo mi cuerpo, apoderándose de mí. Le propiné un puñetazo en el rostro, fracturándole el tabique nasal y haciéndole caer de espaldas. Desconcertado por el golpe y confuso por el dolor, se quedó mirándome. Mantuve la mirada unos instantes y me marché en silencio mientras pensaba : “Ese puñetazo por Marisa, por mi, por mi música y por todo lo que nos has hecho, maldito cabrón”.&lt;br /&gt;   ¿Qué me ha dado mi música? Caos, destrucción, muerte y decepción. Y eso es muy difícil de olvidar. Cada vez que oyes un piano, la boca te sabe a whisky, el recuerdo te machaca el ánimo y el corazón se resiente. De la música conservo el éxito, la creatividad y una sensación de placer ilimitado, pero de mi música sólo conservo angustia y muerte, todo ello concentrado en dos temas: Dictadura y De dos años (compuesto tras la muerte de Marisa), que un día decidí no borrar porque, tal vez, sería lo único que volviera a sentir cuando lo escuchara... Y eso es muy difícil de olvidar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-5746656942383740876?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/5746656942383740876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=5746656942383740876' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5746656942383740876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5746656942383740876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xv.html' title='XV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-7644769095601358978</id><published>2009-01-21T22:41:00.000+01:00</published><updated>2009-01-21T22:43:03.470+01:00</updated><title type='text'>XIV.</title><content type='html'>Durante unos seis meses estuve yendo a casa de Marisa, desplegando mi arte y mi sexo, que acabaron tan íntimamente unidos que a veces no conseguía discernirlos. Esa relación era una completa estupidez, pero no era consciente de ello y Marisa, con sus treinta y cuatro años, tampoco parecía querer darse cuenta. Seguimos alimentando aquella hoguera, cuyas llamas alcanzaron una altura impresionante, hasta que nos quedamos sin leña y se extinguió por completo... habiéndonos abrasado antes.&lt;br /&gt;   Una de las llamas más altas tuvo lugar en La Pérgola. Se trataba de un pequeño local al que acudían peregrinos nocturnos de toda índole. Su único lazo de unión era la droga y el alcohol y quisieron que yo participara de él. Llegó la noche del debut. “Conmigo vas a perder las dos virginidades”, decía Marisa. Y así fue. Por decirlo de alguna manera, esa noche me desvirgué musicalmente hablando, ante un patético auditorio de borrachos y drogadictos. Eran escoria, la lacra de una sociedad que los había creado y no tenía intención de destruirlos porque confiaba en su propia autoaniquilación. Estaban acabados, su moral esquelética se había desvanecido y no eran más que una burda pandilla de fracasados. Pero me aplaudían, me gritaban “Bravo, muchacho” y se mostraban como una alternativa, como una salida a mi penosa situación familiar. El dueño del local, Diego, decidió incorporarme a su equipo de cantautores, de extraños personajes que llegaban con sus instrumentos y conseguían que los asistentes borraran de sus mentes quiénes eran y de dónde venían y sólo supieran el motivo de su estancia en La Pérgola : consumir droga y alcohol.. Mi música, además, siempre era triste, melancólica y esto les envenenaba más aún, sumergiéndoles profundamente en el proceso de autodestrucción.&lt;br /&gt;   Era fantástico acudir todos los viernes y, dejando a un lado las partituras que ni siquiera sabía leer, tocar el piano y cantar mis propias canciones. Acabada la actuación, acostumbraba a tomar un par de cubatas. Pronto fueron cuatro, seis... y el “después” fue “antes” y cuando actuaba lo hacía tan borracho que a duras penas conseguía recordar la letra de mis canciones. Y me daba igual. Continuaba tocando, con la mirada perdida y la consciencia rozando el límite. Y me daba igual. Los estudios comenzaron a empeorar notoriamente y el entrenador del equipo de baloncesto amenazaba con expulsarme por haber llegado apestando a whisky a algún entrenamiento. Incluso habían despedido a Marisa del instituto. El cóctel de drogas (en las que me inició ella, de nuevo), alcohol y sexo se volvía cada día más explosivo, se convertía en un auténtico cóctel molotov en el que la mecha era la música. Y me daba igual... como igual parecía resultar en casa, donde jamás se supo nada.&lt;br /&gt;   Una noche, mientras tocaba Dictadura, mi cerebro no pudo soportarlo por más tiempo y desconectó. Me desplomé, nublándose la vista hasta quedar inmerso en la más absoluta oscuridad y cayendo contra la tarima del escenario. Diego era el único sobrio en el local. Siempre son los jodidos camellos los que no consumen nada, de hacerlo sería su perdición. Son lo suficientemente astutos como para simular ante sus sonados clientes que están colocados, cuando en realidad no es así. Era el único realmente consciente y no me ayudó. Se limitó a arrastrarme hasta el Parque del Oeste, próximo al local, y a abandonarme allí.&lt;br /&gt;   Lo más grave no fue que me dejara tirado cuando más lo necesitaba. Ni que me introdujera en su viciada burbuja y me expulsara de ella cuando le vino en gana. Ni que estuviera a punto de arruinar mi vida. Lo más grave es que grabara mis actuaciones y me robara mis canciones. Eso sí que es grave. Grave es que hayas luchado y sufrido por algo que casi te deja en la cuneta y sea otro el que obtenga el fruto. Grave es que escuches un tema tuyo, con pequeñas modificaciones, en la radio y te des cuenta de que el gilipollas que lo interpreta quizá triunfe... y tú no puedes hacer nada para evitarlo. Sólo llorar a solas y maldecirte una y otra vez. Eso sí que es grave.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-7644769095601358978?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/7644769095601358978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=7644769095601358978' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7644769095601358978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7644769095601358978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xiv.html' title='XIV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-9161602847679502692</id><published>2009-01-20T09:12:00.000+01:00</published><updated>2009-01-20T09:13:02.142+01:00</updated><title type='text'>XIII.</title><content type='html'>El piano. Cada día que pasaba tenía más deseos de tocar el piano. Deslizar suavemente las manos sobre las teclas, blancas y negras, cambiar el ritmo estrepitosamente con aquel estilo tan particular que yo tenía... que Marisa me había enseñado. Sí, sabía perfectamente que el día menos pensado volvería a sentarme delante de un piano y tocaría sólo para Bea ; lo haría horas y horas porque habría logrado combinar dos de los elementos más importantes y determinantes en mi vida : Bea y la música. Ambas tienen algo en común que las hace únicas e inigualables : no sólo hay que saber tocarlas para que funcionen, sino que cuando uno cree haberse hecho con las riendas y dominarlas, acaba por darse cuenta de que el dominado es él, sin ni siquiera querer remediarlo. Pero con todo, estaba convencido de que un día llamaría a Bea, le cantaría el mejor tema que jamás he compuesto y en ese momento no habría marcha atrás... una vez más. Regresaría la oscuridad... y se acabó.&lt;br /&gt;   No obstante, es tan difícil sentarse otra vez en la banqueta del piano... Y, sobre todo, es tan duro olvidar todo lo que pasó... Yo no era más que un crío pero eso no pareció importarle a nadie. Tal vez porque maduré demasiado rápido. Quince años, contaba únicamente con quince años cuando me introduje en un mundo que casi acaba conmigo. Recuerdo a Marisa muy bien, tal vez, excesivamente bien. Dicen que, en ocasiones es mejor recordar a los muertos que atender las necesidades de los vivos y es cierto. Sin embargo, en el caso de Marisa, preferiría que la memoria se esfumara por completo.&lt;br /&gt;   Estaba en primero de B.U.P. y Marisa era mi profesora de música. Poco a poco fuimos intimando, a medida que conocía los intrincados caminos de la música. Todo comenzó por mis deseos desmedidos de aprender a tocar el piano. Marisa me enseñó. Sí, me enseñó más de lo que yo le había pedido... Pronto descubrimos que tenía un don especial para la música ; era capaz de captar ciertas melodías sin necesidad de partitura, tono o conocimiento de solfeo. Aquel año adquirí una sorprendente soltura con el piano. Marisa intentó convencerme para que me presentase al concurso del instituto, pero sólo consiguió arrastrarme a una de las sillas del jurado. Odiaba y odio los concursos porque el arte que uno ha creado con tanto mimo e ilusión termina prostituyéndose por unos miles de pesetas. Lo más lamentable es que, a pesar de tenerlo muy claro, prostituí mi arte sin contemplaciones.&lt;br /&gt;   Cuando iba a casa de Marisa sufría una transformación, que alcanzaba su cima en el preciso instante en que apoyaba mis manos sobre las teclas del piano. El sonido inundaba la estancia, cerraba los ojos y notaba cómo la música penetraba en mi cuerpo y fluía por mis venas. Era magnífico aquel trance, aquel estado onírico en el que me perdía y con el que Marisa disfrutaba. Pero ella quería más y más. Y lo consiguió.&lt;br /&gt;   Una tarde, tumbados encima de su cama, charlábamos acerca de la música. Comenzó a sugerirme que conocía un local donde se tocaba el piano y que, quizás, ella podría mover unos hilos para que tocara alguna noche. Era lo que siempre había deseado. Me avalancé sobre ella y le di las gracias abrazándola. Me besó. Fue tan inesperado que mi única reacción fue corresponder con otro beso,  al que sucedieron otros tantos que degeneraron en dos cuerpos desnudos siguiendo un ritmo frenético, apasionado... Aquel día, no sólo perdí la virginidad, sino que además, me adentré en un laberinto oscuro, tenebroso del que casi no logro escapar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-9161602847679502692?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/9161602847679502692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=9161602847679502692' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/9161602847679502692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/9161602847679502692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xiii.html' title='XIII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-3017193277444591970</id><published>2009-01-08T20:34:00.000+01:00</published><updated>2009-01-08T20:38:22.036+01:00</updated><title type='text'>XII.</title><content type='html'>- Qué pena que no haya salido al final lo del viaje, ¿verdad? -dijo Beatriz.&lt;br /&gt;   - Hombre, pues más bien. La gente tenía muchas ganas, pero bueno, otra vez será -quise dar un pequeño giro a la conversación y pregunté-. ¿Cómo es que no me lo dijiste tú? Me enteré por casualidad, porque Ángel se lo comentaba a Pedro, creo que era, no me acuerdo.&lt;br /&gt;   - No sé, se me pasó. Te lo iba a haber dicho el martes, pero fue cuando vino Kike de examinarse del carnet y se me olvidó.&lt;br /&gt;   Otra vez ese maldito Enrique. Me estaba conteniendo cuanto podía pero sabía que de un momento a otro estropearía la tarde. Resolví ir al servicio y contar allí no hasta diez, sino por lo menos hasta cien, porque el mal humor que tenía tardaría aún un buen rato en evaporarse. Todavía oía las carcajadas de Satanás y alguna noche me hacían llorar, recordándome que no me había servido de nada tanta humillación, tanta vergüenza... y ella salía al paso con la excusa del carnet de aquel tipo. Era increíble. Cuando regresé del cuarto de baño encontré dos capuccinos sobre la mesa. Bea sabía que me encantaban los capuccinos, pero a ella no le agradaban demasiado. Me sorprendió y no pude ocultar mi asombro.&lt;br /&gt;   - ¿Y esto?&lt;br /&gt;   - Dos capuccinos -contestó.&lt;br /&gt;   - Ya, ya sé que son dos capuccinos, pero... no entiendo...&lt;br /&gt;   - No hay nada que entender. Un buen capuccino para decirte que te quiero, y que te quiero como no he querido nunca a nadie... y esto no lo había dicho antes.&lt;br /&gt;   Esto es lo que Beatriz sabía hacer muy bien: conseguía ponerme furioso y dos minutos después, hacerme tan sumiso como un corderito... o como un borrego, diría más bien.&lt;br /&gt;   - Yo también te quiero, y mucho -susurré, acariciando su barbilla.&lt;br /&gt;   - Tenía ganas de ir a ese viaje para estar contigo más tiempo -se lamentó.&lt;br /&gt;   - Ya iremos juntos a alguna parte -hice una pequeña pausa, lo justo para besarla-. A Nueva York, por ejemplo.&lt;br /&gt;   Nueva York era una ciudad que hechizaba a Beatriz. La atraía desde hacía mucho tiempo y nunca había tenido ocasión de ir, a pesar de que todos lo veranos viajaba al extranjero. Nunca supe muy bien qué era exactamente lo que le apasionaba tanto de aquella ciudad, pero resultaba impresionante cómo cambiaba la expresión de su rostro con sólo mencionar el nombre de esta ciudad. Quizá era la diversidad de gente que allí se mezcla, la agresividad, la fortaleza,... la confusión que acaba cediendo a la fusión. No lo sé.&lt;br /&gt;   - Nueva York. Creo que llegaré a los cuarenta y aún no habré ido.&lt;br /&gt;   - Hagamos una cosa -animé un poco el ambiente-. El día de tu cumpleaños número cuarenta, te llevo a Nueva York, aunque te haya llevado antes, quién sabe.&lt;br /&gt;   - Estás loco. Venga, vale... y serás mi amante.&lt;br /&gt;   - Vaya eso ya va a ser más complicado, porque tú estarás casada, con hijos...&lt;br /&gt;   - Para ti no será difícil -aseguró.&lt;br /&gt;    - Entonces quedamos en eso -concluí-. El 13 de marzo del 2013 iré a buscarte a casa, cogeremos un avión y nos largaremos a Nueva York.&lt;br /&gt;   - Ojalá todo fuera tan fácil, ¿eh, Iñaki?&lt;br /&gt;   - Es así de fácil -sentencié y la besé apasionadamente.&lt;br /&gt;   Una hora después nos encontrábamos tumbados sobre el colchón de su cama, desnudos y amándonos intensamente. Había hecho el amor muchas veces con Bea, pero del mismo modo que me sucediera con aquel beso, tuve la extraña y fantástica sensación de que aquel acto estaba exento de sexo, era amor en estado puro... Qué tontería. Lo he pensado muchas veces y siempre acabo dudando de si lo era o no. Fuera lo que fuera, jamás lo volví a sentir hasta muchos años después... y olvidé las carcajadas de Satanás.&lt;br /&gt;   - Nunca me dejes, Iñaki -murmuró a mi oído mientras abrazaba mi torso desnudo, todavía sudoroso.&lt;br /&gt;   “Nunca me dejes, Iñaki”. Aquella frase sonó como una despedida de estación, como un lamento de un condenado a muerte... como una súplica de quien se siente impotente ante lo que le acecha.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-3017193277444591970?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/3017193277444591970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=3017193277444591970' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3017193277444591970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3017193277444591970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xii.html' title='XII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-2701277832566023611</id><published>2009-01-01T21:25:00.000+01:00</published><updated>2009-01-01T21:27:59.767+01:00</updated><title type='text'>XI.</title><content type='html'>El amor. ¿Quién sabe qué demonios es eso? Nadie, absolutamente nadie y quien crea saberlo está confundido. Ha sido víctima, como otros tantos, de esa oscura sensación que invade la mente de las personas y logra embriagarles hasta el punto de realizar auténticas locuras. Basta echar la vista atrás y... en fin, yo también fui una víctima. El porqué es desconocido y el cuándo imprevisible, pero un buen día hace acto de presencia y ese día supondrá una elevación en todos los sentidos. Cambia en cierto modo la concepción de la vida y gran parte de los valores. Como si de un globo aerostático se tratara, uno comienza a subir a las alturas a medida que se sueltan los lastres, precipitándolos al vacío sin posibilidad de recuperarlos. El vértigo se experimenta de manera acusada y cada pie de altitud que ascendemos supone una terrible sacudida al corazón, que tiene desde el mismo momento de la partida la angustiosa sensación de que de súbito todo se va a venir abajo. A pesar de ello, deseamos proseguir el ascenso y nos sorprende vernos abandonar cosas que siempre hemos tenido en gran estima y que ahora, en cambio, consideramos pesados lastres que entorpecen el viaje.&lt;br /&gt;   De manera tan inesperada a como subimos un día en el globo, llega el día de fin del viaje. Se acabó. Caemos en picado y el golpe es tremendo. Aún aturdidos por el fuerte batacazo sufrido, nuestra mirada busca desesperadamente los lastres. ¿Dónde demonios están esos dichosos lastres? Seguramente, ya los habrá recogido otro y la decepción por su pérdida se confunde con el dolor de la caída.&lt;br /&gt;   Antes todo era distinto. Había viajado mucho y siempre hallaba un nuevo globo en el que introducirme como polizón. Era genial porque nunca me deshacía del lastre y, lo que resultaba más tranquilizador, iba correctamente equipado con un buen paracaídas. Sin embargo, con Beatriz no fue así y, sinceramente, no creía que volviera a subir a otro globo el resto de mi vida. El vértigo era desconcierto y muchas veces tenía nombre de hombre: Enrique.&lt;br /&gt;   - ¿Por qué no me llamas Kike como todo el mundo?&lt;br /&gt;   - Porque no me apetece, Enrique.&lt;br /&gt;   Estúpido diálogo que se repetía cada vez que le llamaba por su nombre. Aborrecía a ese tío. Todos creían conocerle y no sabían en realidad quién se ocultaba tras esa fachada de amigo inseparable. Yo sí... conozco a los tipos de su calaña. Toda mi vida los he tenido que padecer. La falsedad subyacente en esta clase de personas es lo que me pone enfermo. Bajo su amabilidad desinteresada mantienen un meticuloso entramado de sucias estrategias para obtener todo cuanto desean... incluso a Beatriz.&lt;br /&gt;   El maldito hijo de puta tenía la desfachatez de intentar separar de mi lado a Beatriz e inmediatamente después invitarme a unas cañas. ¿Pero qué se había creído? Repudio de él y de todos los que actúan del mismo modo y desde mi infinito dolor les deseo que sufran con idéntica intensidad del castigo que siempre me han impuesto.&lt;br /&gt;   Jamás se lo dije a Beatriz. Habría resultado muy sencillo acercarme y comentar “Joder, cómo se cantea a veces Enrique, ¿no?”. Pero de qué habría servido. Ella parecía disfrutar y no reparar en lo que realmente pretendía Enrique. Era increíble la metamorfosis que experimentaba Bea cuando estaba a su lado. Siempre la consideré muy inteligente y lógica en todos su planteamientos, pero cuando estaban juntos rayaba la estupidez y el más absoluto ridículo.&lt;br /&gt;   - Tío, díselo, no seas tonto -dijo Luna, esbozando una sonrisa que consiguió tranquilizarme.&lt;br /&gt;   - ¡Bah! -cogí la botella, bebí un sorbo de cerveza y proseguí-. Da igual. Si al final siempre pasa lo mismo.&lt;br /&gt;   - ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;   Permanecimos sentados en aquel bar toda la tarde. Luna estaba preocupada por mi estado y me había invitado al teatro. La miré fijamente a los ojos, suspiré y dije:&lt;br /&gt;   - Siempre, desde que tengo uso de razón, he perdido todo. Nunca he tenido suerte y todo lo he conseguido currando como un cabrón... y para nada -tuve que hacer una pausa y desviar rápidamente la vista, porque comenzaban a nublarse los ojos y no quería romper a llorar-. Y esto se ha acabado.&lt;br /&gt;   - ¿Por esa tontería? ¿Porque se haya suspendido el viaje a Málaga ? Vamos, hombre    -dijo Luna.&lt;br /&gt;   - Son demasiadas tonterías y estoy hasta las narices -acabé la cerveza y llamé al camarero-. Otra cerveza y, ¿tú quieres algo? -Luna movió la cabeza, negando-... y nada más.&lt;br /&gt;   - No creo que sea para tanto. Además... -la frase quedó bruscamente interrumpida. No lo podía aguantar por más tiempo y toda la furia y el rencor contenidos explotaron como una granada.&lt;br /&gt;   - Escúchame, Luna. Sí que es para tanto. Estoy harto de llegar a casa y tener la odiosa sensación de que tendré una casa, pero lo que es un hogar... Harto de que no me salga nada... ¿sabes por lo que he tenido que pasar para conseguir el dinero de ese viaje? Jamás te lo imaginarías, jamás... Estoy harto de ese Enrique, de que siempre se vaya con él y de que no esté aquí ella porque se han ido a no-sé-dónde... Estoy hasta las mismísimas narices de salir con Bea y creer que me está poniendo a prueba, que tengo que superar el listón de ese maldito Enrique... ¿Y sabes que es lo peor ? Que es tan  jodidamente presuntuosa que  sabe que me tiene bien pillado y le gusta putearme. Y se acabó. ¡Eso se acabó!&lt;br /&gt;   Miré a mi alrededor y descubrí que todo el mundo nos miraba sorprendidos. La escenita que organicé debió de ser bastante ridícula y Luna estaba avergonzada. Me resultaba indiferente y Luna lo sabía.&lt;br /&gt;   - Venga, pagamos y te acompaño a casa -sugerí.&lt;br /&gt;   - ¿Y la cerveza que has pedido? -preguntó extrañada.&lt;br /&gt;   Me encogí de hombros, dejé el dinero en la mesa y me levanté. De camino a su casa continuamos la conversación. Ella intentaba hacerme entrar en razón. Quería que no cometiera una locura a pesar de que era perfectamente consciente de mi situación. Sabía demasiadas cosas como para no entenderlo. Ella pretendía hacerme reflexionar, que viera los puntos favorables. Luna deseaba aferrarme a su lado. Ella... ella me quería de verdad y fui tan estúpido que jamás me di cuenta de ello... Y lo peor, es que yo también la amaba, de un modo u otro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-2701277832566023611?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/2701277832566023611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=2701277832566023611' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2701277832566023611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2701277832566023611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2009/01/xi.html' title='XI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-2360309293514832935</id><published>2008-12-30T21:25:00.000+01:00</published><updated>2008-12-30T21:28:35.679+01:00</updated><title type='text'>X.</title><content type='html'>Cuando salí del apartamento eran las 20:30 y mi bolsillo se hinchaba con las 50.000 pesetas que guardaba. Oí cómo se cerraba la puerta tras de mí y tuve la sensación de que aquel portazo suponía mucho más que un golpe retumbando en la escalera, era una sacudida en mi interior que vertía toneladas de sal en las heridas abiertas. Me agaché y recuperé la fotografía de Bea; ahora tenía que recuperarla a ella. Una vez en la calle, me senté en un banco y con la imagen de Bea entre mis manos lloré. Y lo hice porque me sentía sucio, asqueado... como si hubiera sido violado brutalmente, pero era precisamente el hecho de que no hubiera existido violencia el que me producía esa sensación.&lt;br /&gt;   Terminé la tarde sentado delante de una barra, en un bar próximo al infierno, emborrachándome con whisky como en los viejos tiempos. Sólo faltaba el piano... Sostenía todavía la foto y la mira fijamente, pero no veía el rostro de Bea; eran los cuarentones los que desfilaban una y otra vez ante mí, sonriendo y empapándome de repugnante amabilidad. Y Satanás, también estaba Satanás. Aparecía embutido en unas mallas negras y un jersey entallado de un rojo intenso... y se reía. Allí en el bar casi podía oír sus carcajadas, que retumbaban en mis oídos. Cuando hube besado la fotografía de Bea una docena de veces y mezclado mis lágrimas con otros tantos whiskys, el camarero se negó a servirme más y me rogó que me marchara. Le pagué con aquel dinero sucio, del que me quería desprender inmediatamente y me fui.&lt;br /&gt;   Necesitaba a Bea como nunca antes lo había hecho. Me encaminé hacia su casa con la esperanza de que estuviera en casa y pudiera hablar con ella. A medida que me iba aproximando a su casa, los deseos de verla se incrementaban poderosamente pero algo me impedía llamarla. A pesar de la borrachera, era consciente de la situación y no me sentía con el valor suficiente para mirarla a la cara. No, aquella noche no. Satanás me había arrebatado todo el valor que tenía y aún no lo había recuperado. Imaginaba a Bea abrazándome y yo, mientras, con la mente en aquel apartamento de la Gran Vía. No quería aquello. Permanecí observando la ventana de Bea por espacio de hora y media, pero continuaba oyendo las carcajadas de Satanás.&lt;br /&gt;   Había perdido por completo la noción del tiempo cuando la vi aparecer por el otro extremo de la calle. Un miedo atroz me invadió de arriba a abajo y resolví esconderme detrás de uno de los coches estacionados. La vi pasar y justo antes de que se la tragara el portal tuve unos febriles deseos de gritar su nombre, que se diera media vuelta y abrazarla durante horas, sentir su calor cosolándome, su ternura protegiéndome y acallando para siempre aquellas carcajadas de Satanás que me mataban.&lt;br /&gt;   No lo hice. Cuando noté el chasquido de la puerta al cerrarse supe que por aquel día, todo se había cerrado definitivamente. Salí corriendo, sin dejar de llorar, pensando que todo se arreglaría, que a la mañana siguiente saldría de nuevo el sol... engañándome cínicamente con un “No ha pasado nada” y sabiendo en lo más profundo de mi ser que las carcajadas de Satanás nunca se desvanecerían del recuerdo y que, cuando menos lo esperase,  escucharía de nuevo su estremecedor y angustioso sonido, martilleando una y otra vez mis oídos... Una y otra vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-2360309293514832935?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/2360309293514832935/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=2360309293514832935' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2360309293514832935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/2360309293514832935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/12/x.html' title='X.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8221096888257262479</id><published>2008-12-18T21:19:00.000+01:00</published><updated>2008-12-18T21:21:56.668+01:00</updated><title type='text'>IX.</title><content type='html'>Alonso Martínez. Restaban dos estaciones tan sólo para llegar a aquel lugar. Para llegar y morir un poquito más por dentro. Obtendría lo que tanto necesitaba y perdería lo único que tenía hasta entonces de valor... aunque esperaba que pudiera recuperarlo algún día. Dinero por dignidad. Ignoraba si era un buen cambio, pero sabía que era el cambio, con eso bastaba. La pregunta que me sacudía incesantemente era si podría volver a mirar a la cara a Bea.&lt;br /&gt;   Chueca. Una estación nada más. Una estación y me codearía penosamente con lo que siempre había repudiado. Los homosexuales siempre habían tenido mi más profundo respeto, pero lo que jamás soportaré es a esa maldita gentuza que se empeña en, no sólo ocultar su condición de homosexual, sino que además engañan a sus seres más queridos. En ocasiones es necesario ocultarlo porque las circunstancias así invitan a hacerlo, pero eso no es lo mismo que engañar... Hay que apoyarse en alguien más, aparte de tu pareja, porque si no se hace así se vivirá un completo fraude. Cuando pasa eso acaba por morirse en vida... como todos esos hombres casados con los que me encontraría en aquel apartamento de la Gran Vía y que buscaban ansiosamente humedades que no se hallan sólo en el agua.&lt;br /&gt;   Gran Vía. Fin del trayecto a ninguna parte. Bajé del vagón y caminé en dirección a las escaleras mecánicas. Me eché al lado derecho para permitir el paso. “No va a pasar nada”. Me lo repetía una y otra vez. Me sudaban las manos y la pesada sensación del estómago me hacía suponer que de un momento a otro vomitaría. Parecía que el corazón iba explotar, destrozando mi caja torácica, perdiéndose en aquellas escaleras mecánicas. Por una vez, pensé que bajaba al infierno por unos peldaños que, curiosamente, sólo ascendían... Y ya no había marcha atrás, como tantas otras veces. “No va a pasar nada”.&lt;br /&gt;    Ya me encontraba enfrente del portal. Traspasé el umbral, subí andando a la tercera planta -subiendo otra vez al infierno- y me detuve en la puerta de la izquierda. Cuando volviera a salir de aquel apartamento una parte de mí no regresaría conmigo, se quedaría allí, se consumiría allí... Extraje de mi cartera la fotografía que Bea me había dado, miré a mi alrededor y descubría que uno de los peldaños de madera estaba carcomido... podrido por todo lo que escapaba del piso próximo... igual que en ese instante yo estaba carcomido por la duda y el temor. Introduje la fotografía en el hueco que quedaba y pensé : “Tú aquí, que jamás te alcance esta jodida miseria... esta asquerosa locura de la que yo no puedo escapar”. Cerré los ojos y respiré profundamente. Alargué la mano hasta el timbre y, mirando por última vez la foto de Bea, con la mirada con que uno se despide en una estación de tren, me dije : “No va a pasar nada”... y llamé.&lt;br /&gt;   Aquella habitación, que supuse era la sala de espera, estaba repleta de cuarentones, con barrigas tan gordas como sus carteras, que desbordaban billetes por los cuatro costados. Al entrar dirigieron hacía mi la vista y con ella descargaron toda la lujuria y el vicio que albergaban, taladrando hasta el último resquicio de valor que conservaba. Sus obscenas sonrisas y su odiosa amabilidad infundían un miedo como nunca tuve, como jamás sufrí. Cuando el encargado me ordenó que pasara a otra sala y me desnudase, creí estar viendo al mismísimo Satanás, dispuesto a robarme el alma, a mancillarla y a aniquilarla por el escaso valor que tenía.&lt;br /&gt;   - Ahora irán pasando. Los recibes así como estás y les haces el apaño -explicó Satanás.&lt;br /&gt;   - ¿Cuánto tengo que cobrarles? pregunté, casi tartamudeando.&lt;br /&gt;   - Por eso no te preocupes que tú no tienes que hacer nada de eso, ya les cobro yo a la entrada -dijo, dando media vuelta- ¡Ah! Las gomas las tienes ahí en la mesilla.&lt;br /&gt;   Abandonó el dormitorio. Eran las 11:00 de la mañana. Por última vez, lancé al silencio un grito desgarrador -“No va a pasar nada”- y la viciosa sonrisa de un cuarentón trajeado&lt;br /&gt;que entraba se grabó a fuego en mi corazón, abrasándolo un poco más... Y sí que pasó algo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8221096888257262479?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8221096888257262479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8221096888257262479' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8221096888257262479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8221096888257262479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/12/ix.html' title='IX.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8646351761563463531</id><published>2008-12-14T22:10:00.000+01:00</published><updated>2008-12-14T22:12:34.815+01:00</updated><title type='text'>VIII.</title><content type='html'>¿Por qué demonios la cabeza de las personas tenía que comenzar a funcionar en el momento más inoportuno? Siempre ocurría lo mismo; la sucesión de acontecimientos se desarrollaba paso a paso, sin dejar un solo detalle. Aquel domingo por la noche debía acostarme temprano, a menos que al día siguiente pretendiese tirar al cubo de la basura todo el trabajo realizado en los últimos días. A las ocho de la mañana me encontraría sentado en un banco de clase, al final del largo pasillo, con mi pluma azul Mont Blanc en mi mano izquierda y dispuesto a realizar un examen, formato de test, de Mecánica. A decir verdad, habría preferido comenzar la semana con algo menos emocionante, pero no había elección. En esta vida, cuando no se tiene elección, sólo se puede hacer una cosa: aceptar el acto a realizar con la mayor dignidad y entereza posibles y, dentro de lo que cabe, facilitar el camino hacia el ineludible acto. Ignoraba si mi dignidad y mi entereza estarían a la altura debida, pero con respecto a la segunda premisa, me había armado con un pequeño kit de chuletas, hábilmente producidas y que, sabiamente camufladas, supondrían la facilidad que precisaba hacia ese ineludible acto.&lt;br /&gt;   Era incapaz de cerrar los ojos, dejar la mente en blanco y dormirme plácidamente. Mi cabeza funcionaba y funcionaba, recordándome que no tenía dinero, que lo necesitaba, que desconocía cómo obtenerlo. “¿Tienes alguna limitación sexual?”. “Pero esto es con señores, ¿lo sabías?”. Aquellas frases se repetían en mi interior produciéndome una sensación de culpabilidad; era culpable de haber pensado que prostituyéndome viviría mejor, sin darme cuenta de que el beneficio económico jamás compensaría la pérdida, ya no espiritual -eso implicaría a un Dios- sino la pérdida de la dignidad como persona. Vendiendo el propio cuerpo se menospreciaba la esencia del ser humano y se devaluaba hasta límites inimaginables, empapándose de una moral esquelética o, más aún, de una amoralidad que sostenía la anarquía total de actos.&lt;br /&gt;   Me intentaba escudar inútilmente en el hecho de que siempre haya intentado averiguar la diferencia entre  prostituirse y ligar con chicas desconocidas cada fin de semana. Todos los sábados entraba con mis amigos en algún bar con la lujuriosa intención de encontrar a una chica dispuesta a besarse desenfrenadamente conmigo, permitiéndome introducir mi mano por la cremallera de su pantalón y quién sabe si algo más. Aquello era prostituirse gratuitamente, luego hasta cierto punto, las putas y los chaperos actúan con más inteligencia que nosotros. La única diferencia reside en que yo buscaba solamente sexo y las putas lo utilizan como mero instrumento para obtener dinero.&lt;br /&gt;   Si el dinero fuera lo único que matizara ambas situaciones, no habría dudado un segundo qué hacer, pero había algo en mi interior que me empujaba lejos de aquella tenue línea que separaba la prostitución del ligue. Quizás era ese elemento judicial que llaman conciencia, quién sabe. Pero cuando recordaba la cara de Beatriz cuando me había pedido que fuera a aquel viaje, mis ojos brillaban tanto que parecía que iban a rebosar y no contemplaba otra salida: tenía que conseguir ese maldito dinero fuera como fuera, tenía que ir con ellos a Málaga, tenía que decirle por fin a Beatriz que me gustaba más de lo que nadie lo había hecho en toda mi vida y que deseaba probar a tener, por una vez,  un poco de estabilidad. Quería saltar al vacío con ella y hacerlo sin paracaídas, retando a la suerte, porque cuando realmente buscas algo bueno, hay que provocar a la suerte... y provocarla con descaro y soberbia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8646351761563463531?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8646351761563463531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8646351761563463531' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8646351761563463531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8646351761563463531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/12/viii.html' title='VIII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8537030307532088375</id><published>2008-12-03T09:31:00.000+01:00</published><updated>2008-12-03T09:37:48.244+01:00</updated><title type='text'>VII.</title><content type='html'>El tiempo transcurría a toda velocidad... como los coches. Los días iban quedando atrás y sin percatarnos habíamos pasado juntos ocho meses, durante los cuales no se habían producido desavenencias dignas de mención. Con frecuencia nos citábamos en algún bar con el fin de saber a dónde iríamos esa tarde y la mayoría de las veces acabábamos por no salir de ese bar. Allí charlábamos de los temas más dispares, degenerando las discusiones en sentencias pseudofilosóficas, radicales y que no iban a parar a ningún lado. Comenzábamos a hablar y perdíamos completamente la noción del tiempo. La cuestión más absurda nos era suficiente para discutir durante horas. Recuerdo un día en especial. No podría determinar la fecha exacta porque nunca reparo en ese tipo de cosas, pero sí todo cuanto sucedió.&lt;br /&gt;   - Sí, eso es como lo de la infidelidad, ¿no? -dijo Bea. Habíamos estado hablando sobre cómo la gente en general vivía circunscrita a toda una serie de normas sociales que, casualmente, resultaban de lo más absurdas-. No tiene nada de malo ser infiel, lo que pasa es que la sociedad lo ve mal. Siempre lo ha visto mal y, claro, no se puede ser infiel.&lt;br /&gt;   - ¿Quieres ser infiel?&lt;br /&gt;   - Yo no he dicho que quiera ser infiel, Iñaki, pero no tiene nada de malo. Vamos a ver, pongamos que yo tengo un mal día o que por cualquier otro motivo me lío con un tío y nos acostamos, ¿voy a dejar de quererte por eso? Eso no es amor, es sexo y se acabó. Yo te voy a seguir queriendo.&lt;br /&gt;   - Tal vez, pero yo a ti no -aseguré.&lt;br /&gt;   - Ya, eso no te lo crees ni tú. Si me quieres de verdad no vas a dejar de hacerlo de golpe.&lt;br /&gt;   - Yo sí, créeme.&lt;br /&gt;   - ¿Y por qué? Sólo habría sido sexo.&lt;br /&gt;   - Ya lo sé -coincidí-, pero no se puede hacer eso. No me mires así, es cierto. Una relación no puede basarse sólo en lo que se hace juntos, sino en lo que se hace separados... es casi más importante. Es muy difícil de explicar. Yo qué sé, el caso es que yo sí sería capaz de dejar de amarte de un día para otro.&lt;br /&gt;   Se sonrió, me cogió la mano entre las suyas y acercándose para besarme añadió: “Por si acaso no haremos la prueba, ¿eh?”. “Tú misma, rompecorazones”.&lt;br /&gt;   De regreso a su casa me anunció que Irene y los demás estaban preparando un viaje a Málaga. La gente, según decía, estaba muy ilusionada con el plan. Ella también. Lo contaba con ese brillo especial en los ojos que sólo se tiene en ciertas ocasiones y que siempre indica la fragilidad del deseo. Un deseo que yo no quería romper.&lt;br /&gt;   - ¿Vendrás tú también, no?&lt;br /&gt;   No hay ser humano capaz de decir “no” en un momento como ése y, sobre todo, ante aquel rostro que rebosaba felicidad. “Claro, no me voy a perder un viaje así”. De nuevo me besó, pero fue un beso muy distinto a los demás. Este fue largo, suave y sincero. Todos sus besos eran sinceros, no me cabe la menor duda, pero siempre iban cargados de pasión, de deseo. Éste, en cambio, quedaba desprovisto de todas esas sensaciones y resultaba más pausado, más... lleno de amor. Toda una carga de profundidad para mi corazón desprevenido.&lt;br /&gt;   Realmente me apetecía ir a aquel viaje, pero no tenía dinero y la situación en mi casa era demasiado tormentosa como para pedir que me lo subvencionaran. Además, aunque hubiera sabido que lo harían, nunca se lo habría pedido; no quería deberles más de lo que les debía hasta entonces. Nada. Me había precipitado con mi respuesta afirmativa a aquel viaje y ahora no sabía cómo iba a conseguir el dinero. Había realizado algunos intentos, pero era inútil. Irene me cogió con las manos en la masa, leyendo los anuncios de trabajo en el periódico. A pesar de que nunca hablábamos, era una de las personas que mejor creía conocerme y en seguida me preguntó:&lt;br /&gt;   - ¿Qué? ¿No tienes pelas para el viaje, eh?&lt;br /&gt;   - Ya está la lista -respondí, tras levantar la vista del periódico y comprobar quién me estaba hablando-. Pues sí, ni un duro.&lt;br /&gt;   - Aún no sé por cuánto saldrá, pero no creo que sea demasiado.&lt;br /&gt;   - Organizándolo una tía que se llama Irene y que le gusta que la llamen Luna, seguro que sale por un ojo de la cara. Con lo que me va a costar el viaje, podría cambiar las puertas de casa, pintar mi habitación, comprarme el ordenador y mandar a mi madre al asilo.&lt;br /&gt;   Irene se reía a carcajadas. Su escandalosa risa era tremendamente contagiosa y en la cafetería de la Facultad todos terminaban por reírse aún sin saber el motivo.&lt;br /&gt;   - ¡Qué idiota eres, cara huevo! Pues que sepas que “Irene” significa “guerra”, así que ten cuidado -amenazó entre risas-. Pero, ¿te apetece ir?&lt;br /&gt;   - Claro, aún no sé como voy a ir pero sí que me apetece. Además, tendríais un guía cojonudo. Conozco algún garito por allí que está muy bien.&lt;br /&gt;   - Sí, hombre. Y me llama a mi lista. A ver, sabihondo, qué garitos conoces, que yo he vivido allí.&lt;br /&gt;   No debía haber dicho nada. Nadie tenía por qué saber que yo conocía Málaga. Todos creían que nunca había salido de Madrid, salvo en viajes de fin de curso, porque siempre que hablaban de sus viajes yo me callaba, incluso hacía preguntas acerca de esos lugares cuyas respuestas conocía sobradamente para disimular. Pero quería ver la cara de Luna cuando le contestara.&lt;br /&gt;   - Pues podemos ir al cine, por ejemplo.&lt;br /&gt;   - ¡Ostia! ¡Te has mojado mucho, listillo! ¿Qué cine?&lt;br /&gt;   Ella lo había querido. Acababa de encender la mecha de la bomba que le iba a estallar en las manos, dejándola con la boca abierta.&lt;br /&gt;   - ¿Qué te parece al Alameda, o al Echegaray? Claro que si el cine no gusta siempre está el teatro, el Miguel de Cervantes, mismamente.&lt;br /&gt;   La expresión de su cara había cambiado súbitamente y me miraba con los ojos muy abiertos, casi sin pestañear. Era el momento de dar la estocada definitiva.&lt;br /&gt;   - Y luego nos íbamos a tomarla al Quitapenas, a Lo Güeno o al H20, ahí en La Malagueta.&lt;br /&gt;   - ¡Qué capullo eres! ¿Cuándo has estado? -lanzó la pregunta, ahogada por la risa.&lt;br /&gt;   - Eso nadie lo sabe -repliqué, acompañando la contestación de un guiño de ojo mientras me levantaba-. Es el misterio de Nacho, ¿no?&lt;br /&gt;   Me fui y Luna se quedó allí plantada, sin saber muy bien qué decir y repasando mentalmente los nombres que le había dado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8537030307532088375?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8537030307532088375/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8537030307532088375' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8537030307532088375'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8537030307532088375'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/12/vii.html' title='VII.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-7372632961275846041</id><published>2008-12-01T08:52:00.000+01:00</published><updated>2008-12-01T08:55:34.537+01:00</updated><title type='text'>VI.</title><content type='html'>El siguiente encuentro fue mucho más satisfactorio. Tenía lugar una fiesta en la facultad de Derecho y, por casualidad, coincidimos allí. La vida tiene estas cosas: cuando uno ni siquiera se lo imagina, aparece lo inesperado que, en el fondo sí que se espera y desea, pero que es tan remoto que resulta imposible. Es entonces cuando uno nota esa extraña sensación como si alguien le llamase por la espalda, se vuelve y ¡bingo!, ahí está quien queríamos que estuviera, por increíble que parezca... Y allí estaba ella, con una camisa azul y unos vaqueros ceñidos que marcaban su esbelta silueta, sonriéndome con uno de sus cien mil tipos de sonrisa... y todos ellos preciosos.&lt;br /&gt;   - ¡Hombre, mira a quién tenemos aquí! Si es miss planta carnívora... -saludé.&lt;br /&gt;   - Hola, no sabía que ibas a venir. ¿Llevas mucho?&lt;br /&gt;   - Vaya, un rato. Venga, ¿qué quieres tomar?&lt;br /&gt;   - Prefiero bailar -contestó, rotunda.&lt;br /&gt;   Me limité a callarme. Un alud de silencio se precipitó sobre nosotros y, por un momento, ni siquiera oí la música. Al fin, se decidió a romper aquel silencio.&lt;br /&gt;   - ¿Bailas? -invitó.&lt;br /&gt;   - Mejor que tú.&lt;br /&gt;   Volvió a reírse y antes de que tuviera tiempo para reaccionar deslicé mi brazo por su cintura y me dirigí con ella hacia la barra del bar. Ángel se encontraba al otro lado del local observando atentamente el proceso con aquella cara de Michael Douglas alelado.&lt;br /&gt;   - Ah, pero entonces, ¿es que no vamos a bailar?&lt;br /&gt;   - Hay un pequeño problema -me disculpé-, aparte de lo de mi pata de madera, soy demasiado patoso con las piernas... debe de ser que no le llega suficiente oxígeno a mi cerebro y no les manda órdenes a las piernas y cada una va por su lado. Si quieres podemos intentarlo, pero puedes quedar lisiada para el resto de tu vida de los pisotones que te dé.&lt;br /&gt;   Y seguía riéndose. Resultaba muy fácil dibujar una amplia sonrisa en aquel rostro y eso era genial, sencillamente genial. Cada frase que salía de mi boca parecía inyectarle una buena dosis de carcajadas. Me gustaba. Además, se había resignado a no bailar y a acompañarme mientras bebía mi quinto whisky de la velada. Charlamos toda la noche, bajo la atenta mirada de Ángel, que comenzaba a inquietarse. Cuando Beatriz acudió al servicio fui rápidamente en busca de Ángel.&lt;br /&gt;   - ¿Qué tal?&lt;br /&gt;   - Bien, muy bien. Esta es la piba que te decía -dije.&lt;br /&gt;   - ¿Ésta? Tenías razón, no está nada mal. Y qué, ¿hay posibilidades o no?&lt;br /&gt;   - Eso duele -lamenté, simulando a uno de esos actores de cine mudo-. Claro que hay posibilidades, no dudes de mí. En dos minutos...&lt;br /&gt;   Fue imposible terminar la frase porque en ese mismo instante regresó Beatriz por sorpresa y me interrumpió bruscamente.&lt;br /&gt;   - Hola -saludó.&lt;br /&gt;   - ¿Ya estás aquí? - pregunté sin esperar respuesta-. Mira, éste es Ángel. Ángel, Beatriz.&lt;br /&gt;   Se saludaron el uno al otro y antes de que pudiera decir nada, Beatriz preguntó “¿Qué pasa en dos minutos?”. Guiñé un ojo a Ángel e inmediatamente después me acerqué a ella, la besé y le dije “Que te voy a sacar a bailar”. La mirada de Ángel ya no era atenta, era atónita. Nos veía bailar, muy pegados, casi fundiendo nuestros cuerpos en uno solo. Ella apoyaba su cabeza en mi hombro y, suavemente, dijo:&lt;br /&gt;   - ¿Y si te llega a salir mal?&lt;br /&gt;   - Es que me ha salido mal -repliqué-. He tardado menos de dos minutos.&lt;br /&gt;   - Estás loco... y eso me gusta.&lt;br /&gt;   - Por algo hay que empezar, ¿no? -dije, besándola de nuevo.&lt;br /&gt;   Tras este último y largo beso permanecimos callados el resto de la canción: &lt;em&gt;Smoke gets in your eyes,&lt;/em&gt; interpretada por The Platters. Jamás olvidaré esa canción. Fueron los dos minutos y treinta y nueve segundos más especiales en mucho tiempo. Desde entonces la he escuchado cientos de veces y cada vez que lo hago, siento lo mismo que aquella noche, bailando allí pegados, olvidando todo cuidado por no pisarla y sabiendo que mi coche había cogido un desvío desconocido hasta entonces, un desvío que tal vez, y sólo tal vez, no era si no una calle cortada más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-7372632961275846041?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/7372632961275846041/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=7372632961275846041' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7372632961275846041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/7372632961275846041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/vi.html' title='VI.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-4157334505507103445</id><published>2008-11-27T08:19:00.000+01:00</published><updated>2008-11-27T08:22:45.741+01:00</updated><title type='text'>V.</title><content type='html'>El lunes siguiente ya tuve la posibilidad de acudir a la Facultad y ser objeto de cientos de preguntas acerca de mi estado. Cientos de preguntas que acribillaban mi cerebro y que tuve que soportar hasta que llegó  la que realmente me interesaba... y ni siquiera había reparado en ello.&lt;br /&gt;   - ¿Qué te ha pasado?&lt;br /&gt;   - Nada, esta mañana afeitándome.&lt;br /&gt;   Risas... cómo no. Era la misma pregunta que había estado martilleando mi cabeza toda la mañana, pero quien la efectuaba era Beatriz. Una chica con la que había coincidido en clase un par veces y cuyas conversaciones no traspasaban la odiosa barrera de la cortesía y la educación del saludo.&lt;br /&gt;   - No, venga, ¿qué te ha pasado? -insistió.&lt;br /&gt;   - Si bajas conmigo a tomar un café te lo cuento todo... con pelos y señales -sugería con un guiño de ojo.&lt;br /&gt;   - Ahora no puedo. El de Termodinámica va a hablar del examen. ¿Vas a faltar?&lt;br /&gt;   - Un café a tu lado lo justificaría, ¿no?&lt;br /&gt;   Pues parece que no. Yo acabé esa mañana en la cafetería, hablando de chicas o fútbol con Ángel y ella, en la clase 432, escuchando a Don Bartolomé Cañada, profesor titular de Termodinámica, amedrentar a todos los asistentes con el examen que se les venía encima.&lt;br /&gt;   Precisamente, hasta el día del examen de Termodinámica no la vería de nuevo. El examen daba comienzo a las ocho de la mañana. Había estado estudiando toda la noche y dudaba de que por mis venas en vez de sangre no circulara café. Eran las ocho y cuarto y corría desesperadamente por la Ciudad Universitaria, esquivando a los demás estudiantes. Cuando abrí la puerta y Cañada me traspasó con su mirada eran las ocho y veinte.&lt;br /&gt;   - Pase, pase, le estábamos esperando... -dijo en un tono inquietantemente malicioso- y nos iremos con usted.&lt;br /&gt;   - ¿Cómo?&lt;br /&gt;   - Que tiene el mismo tiempo para examinarse que el resto de sus compañeros, o sea, que terminará a la misma hora -contestó Cañada.&lt;br /&gt;   Comencé a responder a las preguntas con la tensión del momento y un incómodo acaloramiento debido a la carrera, que se tradujo en sudor. Cuando prácticamente había respondido a la primera de las cuestiones, una enorme, acuosa y cristalina gota de sudor se precipitó sobre las operaciones. “¡Mierda! ¿Qué ponía ahí? ¿Qué demonios ponía ahí?” Toda la respuesta dependía de que fuera capaz de acertar con aquella operación antes de que el sudor se encargara de hacerla desaparecer. “Eso me pasa por usar pluma en vez de boli”. Jamás averiguaré si el suspenso de Termodinámica de aquel año se debió a una gota de sudor o al resto de las respuestas dadas. Considerando la cantidad de horas que dediqué a estudiarlo no sé qué es más consolador.&lt;br /&gt;   Cuando todos finalizamos el examen, al mismo tiempo, salimos despavoridos al pasillo. Alguien me golpeó suavemente el hombro y tras girarme encontré ante mí a una radiante Beatriz.&lt;br /&gt;   - ¿Qué tal el examen?&lt;br /&gt;   Es curioso cómo, en ocasiones, en tan sólo unas décimas de segundo nuestro cerebro es capaz de sopesar dos o tres respuestas posibles y escoger la más adecuada. Mi cerebro, en cambio, debe de ser la excepción y va a piñón fijo, como suele decirse:&lt;br /&gt;   - Si bajas conmigo a tomar un café te lo cuento todo.&lt;br /&gt;   Sonrió, dudó unos segundos y cuando estaba seguro de que se negaría me sorprendió con un “Vamos”. No podía haber salido mejor salvo, claro está, que hubiera dicho un “Vamos, yo invito”, pero no siempre consigue uno todo lo que quiere. Después de la pequeña y protocolaria ceremonia del “qué tal el examen” y el “cómo llevas el curso”, la conversación comenzó a cobrar verdadero interés. Supe que no tenía novio, de hecho hacía bastante que no salía con nadie.&lt;br /&gt;   - ¿Y eso? Una chica siempre que quiere tiene candidatos y más una chica como tú -dije.&lt;br /&gt;   - Vaya, gracias -sonrió-. Pero desde que regresé de Irlanda hace casi dos años no he salido con nadie. Allí acabé muy mal con un chico y estoy muy bien sola.&lt;br /&gt;   “Eso es porque no has estado conmigo”, pensé.&lt;br /&gt;   - ¿Y cómo se lleva?&lt;br /&gt;   - Bien, bien... supongo.&lt;br /&gt;   - Tú haces como yo, ¿no? -dije- También estoy solo y voy, como digo yo, “mariposeando” de flor en flor, hasta el día que me canse y me pose definitivamente en una.&lt;br /&gt;   - Pues ten cuidado -advirtió con una pícara sonrisa-, y cuando lo hagas asegúrate de que no es una planta carnívora.&lt;br /&gt;   Se levantó y tras despedirse se fue a su clase de Óptica. Permanecí sentado en la silla, siguiéndola con la vista hasta que desapareció por las escaleras. Me gustaba. Esa chica me gustaba de veras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-4157334505507103445?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/4157334505507103445/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=4157334505507103445' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4157334505507103445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/4157334505507103445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/v.html' title='V.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-8913642544992478346</id><published>2008-11-25T08:06:00.000+01:00</published><updated>2008-11-25T08:09:25.910+01:00</updated><title type='text'>IV.</title><content type='html'>La luz taladraba dolorosamente mi retina. Abrí poco a poco mis ojos y lentamente apareció ante mí el rostro de una mujer. Debía de rondar la cincuentena y, desde luego, no resultaba nada atractiva. Me agitaba insistentemente a la vez que apretaba sus fuertes manos contra mis hombros, como queriendo unirlos a la altura del cuello.&lt;br /&gt;   - ¡Despierta ya, chico! ¡Despierta! Deja ya de soñar -gritaba la enfermera, cuyo parecido con la anterior, con aquella pequeña gran diosa que únicamente podía actuar como lo hizo en mi sueño, era completamente nulo.&lt;br /&gt;   - ¿Qué estabas soñando, muchacho? Se te oía desde la otra punta del hospital.&lt;br /&gt;   - ¿Se me oía? ¿Y qué decía? -quise saber, arriesgándome a caer en un estrepitoso ridículo.&lt;br /&gt;   - Nada, sólo gritabas... y cuando he llegado aquí, justamente te has callado y estabas con una sonrisa de oreja a oreja -se calló un instante, frunció el ceño logrando parecer aún más fea de lo que era y preguntó- ¿Te han dado algún sedante?&lt;br /&gt;   - Pues no lo sé... ni siquiera sé cómo he llegado aquí.&lt;br /&gt;   Tras esta breve conversación, la enfermera desapareció por la puerta, desconcertándome al no descubrirme el misterio de mi llegada. “Me duele todo el cuerpo” había dicho en el sueño;  ¿por qué sólo son este tipo de cosas las que siempre se trasladan de los sueños a la realidad? De la otra enfermera, ni rastro y, en cambio, tenía a la vieja que me transformaba cada vez que me cogía en una coctelera humana. ¡Claro que me dolía todo el cuerpo! Por fuera y por dentro. La decepción que me produjo la nueva enfermera resultaba más dolorosa que la paliza propinada por los tres matones. ¡Parecía tan real! Habría cumplido uno de mis grandes sueños frustrados: acostarme con una cuarentona viciosa.&lt;br /&gt;   “Algún día” me digo siempre. Tiempo al tiempo, para ese y para el resto de los sueños. Pasar una noche frenética de lujuria y pasión con una negra o meter la cabeza debajo de un grifo de cerveza son dos de los otros grandes sueños. O al menos de esos deseos que uno siempre anuncia cuando se está reunido con los amigos y le apetece bromear... El problema es que a mí siempre me gusta bromear.&lt;br /&gt;   Tendido sobre la cama estuve a punto de llorar. Nadie me veía y, por un momento, sentí deseos de desahogarme soltando alguna lágrima. Sueños, deseos... son palabras tan sencillas de decir y que encierran tantas cosas... Allí estaba, en un hospital cuyo nombre desconocía, con el cuerpo deshecho a fuerza de golpes y solo. La enfermera me había preguntado que si llamaban a algún familiar y la respuesta... la de siempre: No.&lt;br /&gt;   No quería a nadie a mi lado. Sin compañía estaba muy bien, perfectamente. No sé qué clase de persona soy. Me había convertido en un auténtico ermitaño mental y de seguir así me iba a quedar solo. Pero me agradaba la idea de vivir en soledad. Siempre lo había hecho así, aunque se tratara de una soledad ambigua y efímera, porque sabía que en el momento que yo quisiera podría romper esa soledad. Sin embargo, si continuaba actuando de aquel modo, jamás podría dar marcha atrás y no saldría de esa soledad. Era como si mis sentimientos se hubieran esfumado. Quería a mucha gente, quizá a demasiada y ese era el verdadero problema. Es imposible querer a tantos... En cualquier caso, parecía que en el fondo pretendía desvincularme de aquellos lazos afectivos. Me asustaba la situación pero no deseaba cambiar. Buscaba un motivo para hacerlo y no era capaz de encontrar ninguno lo suficientemente poderoso como para modificar mi comportamiento. Si había de cambiar, que fuera por sí solo, yo no pensaba poner nada de mi parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-8913642544992478346?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/8913642544992478346/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=8913642544992478346' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8913642544992478346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/8913642544992478346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/iv.html' title='IV.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-3071471026782560125</id><published>2008-11-24T07:03:00.000+01:00</published><updated>2008-11-24T07:05:41.260+01:00</updated><title type='text'>III.</title><content type='html'>La luz taladraba mi retina dolorosamente. Abrí poco a poco mis ojos, y lentamente apareció ante mí el rostro de una mujer. Debía de rondar la cuarentena y resultaba muy atractiva. Me miraba cálidamente con sus ojos claros y sonrió mientras me acariciaba la frente, dando muestras de un cariño que de veras reconfortaba.&lt;br /&gt;   - Ya ha pasado todo. ¿Qué tal? -preguntó con una voz dulce y desconcertantemente sensual.&lt;br /&gt;   - Bien... creo -contesté-, aunque me duele todo el cuerpo.&lt;br /&gt;   La mujer sonrió de nuevo. Despertaba en mí calenturientos pensamientos más propios de un adolescente en plena eclosión sexual. Se incorporó y desabrochando los botones de su bata blanca de enfermera anunció:&lt;br /&gt;   - Tranquilo, yo sé quitarte el dolor.&lt;br /&gt;   La bata se deslizó suavemente por su cuerpo hasta caer al suelo, descubriendo sorprendentemente el más absoluto de los desnudos. Sus labios carnosos esbozaron una nueva sonrisa ; esta vez permitió que asomaran sus dientes y, lentamente, como no queriendo romper la quietud del momento, humedeció con su lengua aquellos labios que tanto comenzaban a obsesionarme. La sábana de mi cama hacía un buen rato que se elevaba por encima del nivel normal, mostrando abiertamente una poderosa erección.&lt;br /&gt;   - Vamos, cariño -dijo la ardiente enfermera-, súbeme aún más la temperatura.&lt;br /&gt;   A continuación resolvió meterse en la cama y tumbarse cubriendo mi cuerpo duramente castigado que, milagrosamente, parecía haber sanado por completo. Noté la agradable presión de sus senos contra mi pecho y cómo me besaba apasionadamente, introduciendo su lengua, explorando en mi boca. Mis manos codiciosas se movían torpemente, queriendo palparlo todo. Ella, en cambio, sabía perfectamente cómo debía actuar. Prueba de ello era la destreza con que en un abrir y cerrar de ojos se deshacía de mi pantalón. Los jadeos entrecortados se sucedían y mientras me cubría de besos y suaves mordiscos comenzó a masturbarme. Quise corresponder y se oyó un suspiro de placer. De pronto, y a medida que lamía mi pecho, mi cuello, la penetré. Un desgarrador jadeo se dejó oír en la habitación. Se irguió, apoyando sus rodillas sobre el colchón, y comenzó a moverse de adelante a atrás. La anárquica oscilación de sus pechos, enhiestos, amenazantes, acompañaban al vaivén de su cuerpo. Adelante, atrás, adelante, atrás... cada vez más rápidamente. La cama temblaba y los golpes de la cabecera contra la pared desconchada tan sólo eran amortiguados por los jadeos al unísono de ambos, que se confundían en una partitura de placer desenfrenado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-3071471026782560125?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/3071471026782560125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=3071471026782560125' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3071471026782560125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/3071471026782560125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/iii.html' title='III.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-5448821455595698078</id><published>2008-11-19T23:08:00.000+01:00</published><updated>2008-11-19T23:11:22.233+01:00</updated><title type='text'>II.</title><content type='html'>Alcanzaba a ver a lo lejos la plaza de Manuel Becerra. Recordé los perritos calientes que preparaban en un bar de la zona. La imagen de uno de estos perritos con su salchicha grasienta, empapada en ketchup y mostaza y envuelto en una servilleta aún más calada por las salsas me despertaron unas terribles ganas de vomitar. Estaba tan borracho que incluso tuve la odiosa sensación de estar oliendo la pegajosa fragancia del perrito. Me agaché un poco, apoyándome con la mano en una farola y contemplé impávido cómo me salpicaba los zapatos y los pantalones de una asquerosa sustancia maloliente. Debía de ser en gran parte whisky porque no había comido nada durante toda la noche. Me incorporé, extraje de mi bolsillo un pañuelo de papel y me limpié los labios. Cuando giré sobre mis talones y di media vuelta me encontré con tres tipos de apariencia cuanto menos sospechosa.&lt;br /&gt;   - ¿Tienes fuego?-preguntó uno de ellos.&lt;br /&gt;   - No, que va, no fumo -balbuceé, dado que mi estado no me permitía hacer mucho más.&lt;br /&gt;   - ¿Y dinero?&lt;br /&gt;   ¡Bingo! Había dicho la palabra clave: “Dinero”. Sentí cómo la embriaguez se había esfumado de repente y en un abrir y cerrar de ojos tomé la decisión de salir corriendo. Por desgracia, el movimiento y la coordinación de mis piernas no era todo lo bueno que hubiera sido deseable y no tardaron en darme alcance.&lt;br /&gt;   - ¿A dónde vas, hijo puta? ¿Eh? ¿A dónde? -preguntaba el que parecía ser el jefe en un tono que no sugería que me esperase una noche demasiado agradable.&lt;br /&gt;   Siguieron hablando y gritando pero no entendía nada. Tras el primer golpe, noté cómo la sangre me empapaba la cara y quedé considerablemente aturdido. Uno de ellos me cogió fuertemente de los brazos desde atrás mientras los otros dos, que parecían doscientos, practicaban con mi rostro y mi vientre unas cuantas series de directos y ganchos de izquierda. Sentía que la cabeza me iba a explotar y cómo algo en mi interior se detonaba provocando un terrible dolor agudo. Continuaban golpeándome, desollándose los nudillos contra mi rostro ensangrentado. Yo forcejeaba inútilmente para intentar liberarme. No aguanté más y, prácticamente, había traspasado el umbral de la consciencia cuando cesó mi resistencia. Me soltaron y mis piernas no pudieron seguir sosteniéndome por más tiempo y caí al suelo golpeándome la cabeza contra el pavimento. Cogieron mi cartera y la vaciaron sobre mi pecho para después recoger de él lo que les interesó. Dieron media vuelta y se fueron.&lt;br /&gt;   Tendido en la acera, en medio de un charco de sangre, me incorporé y, una vez más, tuve que decir una solemne estupidez que me costaría un disgusto:&lt;br /&gt;   - ¡Hey! ¿No vais a invitaros a nada ahora que habéis cobrado?&lt;br /&gt;   Lo último que vi fue al jefe corriendo hacia mi, mordiéndose con rabia la lengua, levantando la pierna hacia atrás y... ¡Flash! Una oscuridad absoluta, nada más, pero a juzgar por los nueve puntos de sutura de la cabeza debió de ser una patada espectacular.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-5448821455595698078?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/5448821455595698078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=5448821455595698078' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5448821455595698078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/5448821455595698078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/ii.html' title='II.'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5752442106460826571.post-95587992903939965</id><published>2008-11-18T22:22:00.000+01:00</published><updated>2008-11-19T16:17:02.365+01:00</updated><title type='text'>PRIMERA PARTE: PARANDO A REPOSTAR</title><content type='html'>Allí estaban los coches, de un lado para otro, devorando kilómetros de asfalto a toda velocidad. Enterrando la ciudad bajo sus ruedas con una indiferencia que sólo alteran lo imprescindible... Lo imprescindible para no colisionar con el resto de los coches. En todos los sitios es igual. Siempre igual.&lt;br /&gt;Aquella noche estaba demasiado borracho. ¿Para qué? Buena pregunta. Demasiado borracho para conducir, demasiado borracho para continuar soportando la cara de una rubia que se me había pegado literalmente toda la noche y ni siquiera me acordaba de su nombre. Creo que nunca lo supe. Casi no me acordaba del mío... En definitiva, demasiado borracho para darme cuenta de que ir andando hasta mi casa supondría más de una hora de penoso caminar y algún que otro disgusto.&lt;br /&gt;- ¿Y ahora te vas?&lt;br /&gt;Las rubias. Siempre las rubias tontitas. Nunca me han atraído y, curiosamente, siempre acabo con ellas... o ellas acaban conmigo. “¿Y ahora te vas?” He de admitir que no era una mala pregunta. Quizá debería haberla enfocado de un modo un tanto más inquisidor, porque si algo había querido dejarle claro a lo largo de la noche, es que en ese preciso instante, tenía la intención de darle la espalda a la Cibeles, a ella y a todos los demás peregrinos nocturnos de los más bajos antros para marcharme a casa.&lt;br /&gt;- Sí, ¿no me ves?&lt;br /&gt;- Pero qué pasa, ¿que te vas a casa andando?&lt;br /&gt;- Ah, pues sí -contesté con sorprendente ingenuidad.&lt;br /&gt;Una mirada perdida, un suspiro y una mano engullida por la melena rubia.&lt;br /&gt;- ¡Pero qué gilipollas! Si vives en San Blas... -el sonido de su voz, cargado de desprecio, a duras penas me llegaba.&lt;br /&gt;- ¡Eso, San Blas! ¡Joder, todo el rato pensando a dónde tenía que ir! -bromeé, golpeándome la frente con la palma de la mano.&lt;br /&gt;Se rió. ¿Qué otra cosa podía hacer? Enfadarse, por ejemplo. A decir verdad, nadie ha dicho que ambas situaciones sean incompatibles, de hecho, así quedó demostrado. Era el momento preciso para una despedida y no una despedida cualquiera. Aquella velada había resultado tan terrible y patéticamente tediosa que merecía por méritos propios un broche a la altura de las circunstancias: una despedida desconcertante.&lt;br /&gt;- Adiós... seas quien seas.&lt;br /&gt;Caminé por la calle Alcalá. No quise girar la cabeza hacia atrás porque la escena, seguramente, era idéntica al resto. Una rubia exuberante, con una minifalda tan tristemente corta como su coeficiente intelectual y una expresión en el rostro producto de la indignación y confusión del instante. Las miradas de los peregrinos se repartían entre ambos, aunque no como consecuencia de los mismos motivos. El sector masculino sería para ella; su minifalda se hacía aún más corta y su escote aún más ancho bajo sus miradas obscenas. El sector femenino, en cambio, para mí, pero sus miradas me acribillarían la espalda y en vez de un “Vaya cuerpo” sus mentes gritarían a pleno pulmón un contundente “Cabronazo”, que inmediatamente después de observar a sus acompañantes acalorados por la visión de la rubia se transformaría en un “Todos los tíos sois iguales”.&lt;br /&gt;En cierto modo es así. Pero todas las mujeres son iguales. Todos somos iguales. Somos como los coches. Circulamos a toda velocidad con cuidado de no chocar con los demás y, de vez en cuando, paramos un breve instante para repostar en compañía de alguien... así hasta que llega el día en que te estrellas. Cada uno tiene un modelo distinto de vehículo. Los hay sofisticados y clásicos, grandes y pequeños o seguros e inseguros, pero todos, absolutamente todos recorren el mismo camino.&lt;br /&gt;Esta fue una de las deducciones que obtuve de aquel paseo por la calle Alcalá mientras mi cerebro navegaba hasta hundirse, una vez más, en whisky. Incluso hallé la metáfora adecuada para esos pobres locos que aseguran haberse reencarnado: los coches de segundamano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5752442106460826571-95587992903939965?l=totalsiniestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/feeds/95587992903939965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5752442106460826571&amp;postID=95587992903939965' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/95587992903939965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5752442106460826571/posts/default/95587992903939965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://totalsiniestro.blogspot.com/2008/11/primera-parte-parando-repostar.html' title='PRIMERA PARTE: PARANDO A REPOSTAR'/><author><name>David Bollero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10064686332668868003</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_OgfJ1z4xC-Q/Sew2GWGm9PI/AAAAAAAAAdk/NCS7BpqtNQs/S220/dbollero.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry></feed>
